Mientras realizaba su doctorado en biología computacional, Max Cooper era DJ y creaba música dance. Cuando los recortes afectaron a su investigación postdoctoral, empezó a dedicarse a la música a tiempo completo. Tras cientos de lanzamientos y 10 años en las pistas de baile, por fin presenta su primer disco. La ciencia, la informática, la música y el libre albedrío ocuparon nuestra charla.

Me duele la cabeza por culpa de Max Cooper. Anoche lo vi pinchar en París y, aunque terminó a medianoche, me dejó en tal estado de frenesí que he estado despierto hasta el amanecer, lo cual es bastante tarde para un domingo si tenemos en cuenta que estamos en invierno. Así que12 horas después de que Max haya acabado su sesión y 3 horas después de acostarme, llego a su hotel para encontrarme con él cara a cara en lugar de en una sala llena de gente moviendo la cabeza al ritmo de su música. Llego cuarenta minutos tarde. Pero Max se ha olvidado de que en París es una hora más tarde que en Londres, así que cree que he llegado pronto.

Nos estrechamos la mano y Max sonríe amablemente; yo le devuelvo una sonrisa débil. El pobre no tiene ni idea de lo que me ha hecho. Salimos a la luz invernal del día y caminamos hasta una cafetería cercana.

"El disco se llama Human", me cuenta. "La idea principal es que cada pista trata de mostrar un aspecto diferente de la condición humana". ¿Como cuál? "Hay una que se llama 'Seething' que desprende mucha ira; es furia y crudeza, la sencilla manifestación de un concepto", explica Max. Lo cierto es que la energía en ebullición de la canción deja una sensación de enfado y rabia, de auténtica furia.

¿Y EL LIBRE ALBEDRÍO?
Max prosigue: "Luego hay temas más abstraídos como 'Woven Ancestry', que refleja el hecho de que todos somos un tejido del pasado, que las ideas de nuestros antepasados se han fundido con la genética para dar lugar al individuo". ¿Y eso cómo se captura en música? "Utilicé instrumentos antiguos de todo el mundo", explica. "Cada instrumento sonaba a diferentes ritmos y todos se fundieron en un gran tapiz de instrumentos de cuerda pulsada que representan este concepto".

Y aquí es donde dejamos de hablar de música. Max pide una crepe de jamón y queso con agua del grifo. Yo todavía no estoy listo para pedir. "Si el individuo es producto de sus antepasados, de la genética y de todas las interacciones sociales y culturales de dichos antepasados, ¿no negaría esto el concepto del libre albedrío?", le pregunto en un tono agudo. "Yo diría que no somos libres en ese sentido: nos vemos limitados por el determinismo y el azar. No podemos quebrantar las reglas del universo, así que todos somos esclavos del sistema. Pero, al mismo tiempo, somos nuestro cerebro, y este es libre de actuar como lo suele hacer, lo que constituye esencialmente el libre albedrío", responde Max.

"Pero para mí no supone un problema porque no lo concibo de ninguna otra manera", prosigue. "No nos podemos separar del circuito cerebral; una vez que lo aceptas, el problema desaparece". Aunque suena como una alarmante visión mecanizada de la humanidad, Max disipa mis miedos con un matiz: "Tampoco es que sea un funcionalista total. La ciencia todavía explica únicamente conceptos objetivos y nosotros experimentamos todo un mundo subjetivo al que la ciencia no llega". Max hace una pausa antes de desarrollar sus ideas con calma y elegancia. Con su discreta chaqueta negra y su vaso de agua del grifo, representa la viva imagen de la sobriedad. Hace doce horas, el mismo hombre llevaba a la euforia a una sala abarrotada.

El conflicto entre objetividad y subjetividad, ciencia y arte, parece especialmente pertinente para alguien que hace música sobre las emociones con ordenadores. ¿No existe una cierta disociación? Max explica que tanto los ordenadores como el universo siguen un conjunto fijo de normas. Sí, "los ordenadores son completamente deterministas", mientras que "existe un elemento de azar e impredecibilidad" en el universo, admite. "Pero no veo una contradicción en nuestra forma de ser y en la de los ordenadores, es algo así como las dos caras de la misma moneda. Por eso, expresar las emociones humanas a través de la música electrónica me resulta natural".

"LA COMPLEJIDAD DE LAS MOLÉCULAS"
A pesar de que le encantan los ordenadores y la disciplina de sus normas, en Human Max se sirve de los instrumentos físicos más que nunca. "En los instrumentos de verdad tienes ese azar, riqueza y complejidad del mundo real, mientras que en la música por ordenador eso se pierde", afirma. "Si escuchas un violín, la complejidad misma de las moléculas, la manera en que estas se componen para dar forma a la madera y las cuerdas, hay mucho azar y complejidad en el proceso". Le sirven lo que ha pedido. La interacción del azar y el orden se ve representada en el contraste entre la maraña caótica del queso Edam y los cuidadosos pliegues almenados de la crepe. Este tipo de comentarios crípticos deberían pasar desapercibidos.

¿A qué suena la música de Max Cooper? A una especie de híbrido entre Mike Oldfield y Jon Hopkins, pero al mismo tiempo no se parece a nada ni a nadie. Del mismo modo, la conversación que hemos tenido sobre el libre albedrío, la ciencia, el caos y los ordenadores no se parece a ninguna que haya tenido jamás. A ratos con tintes glitch, a ratos con ritmos de club, a ratos efímeras y que transportan a mundos sonoros espectrales que abarcan un amplio espacio mental, siempre progresivas. Las canciones de Max Cooper te llevan a través de un espectro de emociones; nunca te sentirás igual de principio a fin.

"Siempre trato de contar historias y pintar imágenes", dice Max. "Yo te contaré una historia", le respondo de pronto, para mi propia sorpresa. "Me topé con tu música cuando vivía en Moscú. La nieve cubre los colores, enmascara los aromas y amortigua los sonidos, así que en Moscú en invierno uno se mueve en un mundo de sensaciones reducidas. Tras seis meses de nieve e hibernación, la primavera viene de repente, el sol derrite la nieve y la ciudad es una explosión de flores. En un huerto frutal, trepé a un árbol que ya había florecido y escuché tu remix de Sansula una y otra vez. Me daba la sensación de que el árbol crecía a mi alrededor. Fue GENIAL". Paro de repente, avergonzado, y me acuerdo de que soy yo el que está entrevistando a Max y no al revés. Pero Max sonríe y me siento redimido. Dice que sus canciones se inspiran en emociones, ideas o experiencias poderosas. Con una mirada soñadora, me cuenta que la inspiración para Meadows surgió de “un día de verano en la campiña inglesa, con las moscas, las abejas y el sol".

Max dice que el objetivo de su música es capturar lo que siente e infundir esos mismos sentimientos en los que le escuchan. El día que pasé subido a un árbol en Moscú y mi noche en un club de París me dicen que, por lo que a mí respecta, Max ha conseguido eso y más. Me vaticina que la biotecnología revolucionará el mundo en cien años. Yo os digo que Human os revolucionará el día en cien minutos.