Uno de los deberes de un DJ para con el público es saber de música. Esto, que parece obvio, es arduo, difícil de lograr. Requiere paciencia, horas y horas diarias de atención y una mente en permanente estado de curiosidad. Y no bajar la guardia por años, décadas. Sólo el amor por la música puede sostener esta manera de vivir.
Por eso, cuando uno se encuentra con Diego Ro-K, lo primero que uno admira es lo que sabe. No porque lo esté repitiendo todo el tiempo como una acumulación de datos sino porque lo dice de la única manera que al final cuenta en la carrera de un DJ: con sus sets.
Diego Ro-K empezó a interesarse por la música mezclada a los nueve o diez años de edad, a través de los cassettes que su hermana mayor traía de parte de los DJs del barrio donde crecieron: el funk y el disco, que eran la banda sonora de tantas fiestas durante los setenta. Fue creciendo y descubriendo discos de 12” de música que no sonaban en la radio, y su pasión por el underground nació para quedarse. Escuchó punk, new wave, rockabilly, electro, siempre en el lado más desconocido y poco comercial. Pudo viajar, pudo descubrir el sonido del 4x4 y la electrónica que nacía a inicios de los ochenta y que lo atrapó.
¿Cuándo decides que esta pasión por la música se convierta en tu carrera?
Diego Ro-K: En los ochenta. Yo tengo un tío que vive en España y viajábamos a visitarlo una vez por año y él nos llevaba de vacaciones a alguna playa. En el año 86 fuimos a parar a Ibiza. Para ese entonces, Ibiza era una isla hippie moderna pero todavía no existía la movida electrónica que hoy existe. Las veces que salí a dar vueltas en las noches, me di cuenta que en los clubes ya se veía venir una historia interesante. Las pistas se ponían muy calientes, algo iba a pasar con la figura del disc jockey. Eso me empezó a entusiasmar, empecé a traer música diferente a lo que se oía en Buenos Aires y a acercarme a mis amigos que trabajaban en clubes, a compartir cabina. La primera vez que toqué oficialmente solo, en cabina mía, fue en el 88, aunque estuve trabajando en clubes, ayudando a otros desde el 84. Más de 20 años.
Considerando todo este tiempo, ¿cuál dirías tú que es tu posición en la escena argentina? ¿Eres un pionero?
Sí, soy un pionero. Mi lugar es ése, junto con un par de disc jockeys más. Justo mi generación fue en la que el disc jockey pasó de ser un empleado más del club a tener una importancia algo más relevante. Estaban el de la puerta el de seguridad, el de la barra, el de los baños y el disc jockey. Cobraban todos al mismo nivel, eran una parte más del club. A partir de fines de los ochenta, inicios de los noventa, empezó todo el tema del patrocinio de disc jockeys, giras, compañías internacionales como Cocoon, Cream, Gatecrasher, Ministry Of Sound. Empezó a haber agentes, managers, labels. Por suerte pude vivir bastante todo esto. En Argentina, el lugar que ocupé es ése. Empezamos junto con dos o tres más en una época muy difícil. Calculá (sic) que Buenos Aires es un lugar rockero por excelencia. Los clubes de electrónica, si bien eran muy buenos, eran muy pocos. Durante mucho tiempo fueron más patadas en el culo que bienvenidas: la música era rara, la música era nueva, fue complicado. Pero bueno, con el correr del tiempo puedo decir que hemos logrado el objetivo.
¿Dirías que hoy existe una cultura electrónica en Argentina?
Para mí, la historia viene así: hasta antes del 2000, la cultura de la música electrónica de Buenos Aires, que la llevábamos nosotros adelante, era muy importante. Tenía más de 15 años, traíamos disc jockeys internacionales con criterio y hacíamos eventos importantes. A partir del 2000 empieza la internacionalización de las marcas, los patrocinios, y ahí empezó a perderse ese trabajo casi de culto que hicimos nosotros. Yo introduje la música industrial, (el sello) 4AD, Front 242, Nitzer Ebb cuando podríamos haber introducido... Eurodance. Hicimos un trabajo fino de música elaborada, acid, underground, Chicago, Detroit, Berlín, y a partir de allí logramos formar una cultura bastante importante, con DJs excelentes que nos visitaban, a veces con apoyo de embajadas como la de Francia o Alemania. Todo hecho a pulmón. Debes haber oído de fiestas como las de Rave Sudamericanas o las del Parque Sarmiento, que juntaban 18,000 personas sin patrocinadores. Desde el 2000 entran las multinacionales y la verdad, no te voy a decir que se perdió sino que se diluyó mucho el trabajo que veníamos haciendo.
Sí, porque al final una fiesta como Creamfields es un evento masivo donde la gente no necesariamente va por el amor a la música sino por la moda...
Exactamente. Y eso en Argentina se multiplicó por 20. Porque la generación a la que le habíamos inculcado un montón de cosas quedó ya medio fuera de los clubes y el espacio lo ocupó la gente que va a estas grandes fiestas y que sabemos que lo que menos les importa es la música y lo artístico. Y así estamos hace unos ocho años. La cultura está, pero diluida porque no hay difusión. Se armó un monopolio muy grande en Buenos Aires que maneja radio, prensa, agencia; todo suena como una campana, todo suena del mismo color. Hay una confusión que a la gente le hace mal, porque se queda enganchada sólo con los sets de Sasha y de Digweed, y hay un mundo además de eso. Si nosotros hubiéramos empezado a oír sólo trance por ahí, estaríamos chochos ahora, pero no es así. Estamos lejos. Los encargados de estos eventos no tienen cultura electrónica y ponen un club como ponen un restaurante.
Por eso mismo, ¿sientes que ustedes han pasado de estar en la vanguardia a estar en la resistencia?
Lo que pasó en Argentina, aunque un poco retrasado, pasó en todo el mundo. En los mercados emergentes populares de música electrónica, como Asia, Sudamérica o Europa del Este, las grandes compañías tienen mayor cabida, porque la gente tiene menos historia, menos conocimiento, y las nuevas generaciones se enganchan con lo más comercial.
¿Te gusta esta onda de Berlín, Koln o Kompakt que está sonando tanto?
Sí, nosotros siempre vinimos más por ese lado. Mi caja de discos es 80% alemana, pero desde hace más de 10 años. Kompakt y todo eso está muy lindo pero, ¡yo ponía Ladomat 2000! Todo bien, el que empezó con esta historia sabe por dónde viene la mano. Se me está haciendo un poco aburrido el minimal, me parece que es un tema de generaciones nuevas que están muy contentas en sus casas con sus aparatitos, pero nadie baila. Por ejemplo estuve hace poco en una famosa fiesta en Ibiza, todo muy hype, lugar lleno, DJs buenísimos, pero nadie baila. Es el problema con los chicos, para manejar el minimal hay que saber combinarlo. No todos somos Richie Hawtin. Para mí el único que le saca el jugo al minimal serio es él. Los demás hacen ruido.
¿Qué llevas en tu maleta?
Voy rotando los discos. Tú decías que si había pasado de la vanguardia a la resistencia, pero yo siempre estuve en la resistencia porque la vanguardia es medio resistencia en un país como éste. Hace poco puse en la maleta un tema de Mike Dunn, un original del acid house, un tema vocal de Virus, algún remix bueno de Depeche Mode que no sea de los aburridos que se hacen ahora, alguno de Nitzer Ebb.
Tienes una ética de la pista...
Por ejemplo, soy amigo y tengo una excelente relación con Villalobos, pero no me puedo comprar ni uno de sus discos. Trato y no puedo, igual me pasa con Luciano y un montón de excelentes DJs que en la pista no me funcionan. No sé si tendrá que ver con la era de la ketamina. Yo tengo mi teoría, para mí los chicos se entretienen bailando minimal porque no se dan cuenta que han pasado tres horas y sólo un ruidito y dos golpes de negra.
¿Cómo lograste hacer una carrera internacional desde Buenos Aires?
Viajando y conociendo gente. A pulmón. Para laborar en Europa habría necesitado irme a vivir allá. Tuve ofrecimientos para quedarme cuando trabajé para Cocoon o Cream, pero también tenía el tema de que en Buenos Aires me va muy bien y después de haber luchado tanto por instalar la música electrónica me da no sé qué irme. Así que salgo dos o tres veces por año, no por management o acuerdos, sino porque les gusta lo que hago. En el mundo electrónico que a mí me interesa, todo el mundo sabe quién es Diego Ro-K y eso me deja bastante tranquilo.
Diego Ro-K ha tocado en los mejores clubes del planeta. Además de su trabajo en la electrónica, es amigo y colaborador de bandas como Babasónicos, Catupecu Machu y Los ratones Paranoicos, a quien ha hecho varios remixes. Goza del respeto de ese mundo que le interesa y también a nosotros. Como DJ y como músico es una de las referencias definitivas de su país, por su integridad, por su ética, su paciencia. Los invito a conocer su trabajo en
www.djdiegoro-k.com y
MySpace.com - diego ro-k - - Techno / Electro / House - www.myspace.com/djdiegorok.