Nuestro hombre de la semana
Hernán Cattáneo
Acaba de presentarse en Buenos Aires en el marco de la convocante Moonpark y ahora se prepara para una minigira estadounidense. Superacostumbrado a la vida de aviones y hoteles cinco estrellas, el DJ argentino más famoso del planeta nos habla de su carrera, su vida y su máximo triunfo: la familia que formó junto a la ex modelo Jackie Keen y sus dos hijas: Olivia, de 3 años, y Abril, de sólo 13 meses.
Comenzaba la década del ‘80 y un apenas adolescente -irreconocible a los ojos de hoy- Hernán Cattáneo recibía en sus manos un disco que le iba a cambiar la vida: From here to eternity, del mítico productor italiano (ganador de tres premios Oscar) Giorgio Moroder. Curioso e insaciablemente musical, el muchacho decidió invitar a sus amigos del barrio (Caballito) para que escuchen esos temas -luego se sumarían artistas como Kool & the Gang, Michael Jackson o Depeche Mode- que tanto lo cautivaron. El hábito se transformó en hobby, el hobby en profesión... y en pasión. Sí, mientras muchos se preguntaban qué era eso que se comenzaba a escuchar en las discotecas, él ya acumulaba millaje en las bandejas locales imponiendo el house (género que conoció de primera mano en la explosión techno de Chicago en 1987). Sus sets se escucharon primero en las fiestas del Club Italiano, luego durante las temporadas de Savage en Gesell y más tarde en la pista de varias de las principales discos de la ciudad como Cinema, La Embajada y Pachá, el templo que lo convirtió definitivamente en celebrity. Y que le aseguró, luego de que lo viera allí Paul Oakenfold, un despegue internacional del que no se bajaría jamás. Y lo mejor es que aún en medio de interminables giras, Hernán se dio maña y tiempo para conocer a la que se convertiría en su compañera de ruta, la por entonces modelo y panelista de Indomables, Jackie Keen. Fue amor a primera vista y casamiento express, en diciembre de 2005. “Tuvimos una especie de luna de miel prolongada: durante un año viajamos juntos a todas y cada una de las doscientas fiestas que me tocó participar. A todas. Fue superinteresante además, ya que en un lapso relativamente corto pasábamos de estar en las Pirámides de Egipto a la Torre Eiffel o de conocer Tokio a caminar por la Muralla China. Con Jackie fue muy fácil entendernos en esa vida porque ella es realmente lo más”, cuenta Hernán, hoy instalado en Barcelona junto a ella y sus dos hijas, Olivia y Abril.
-Luego de tantos años de carrera, ¿las bandejas te generan la misma adrenalina que cuando arrancaste en el Club Italiano o en las fiestas caseras?
-Claro, aunque ahora es de forma diferente. En aquel momento la adrenalina venía de la música en sí misma y sólo escucharla era suficiente para mí. Ahora también proviene de todo lo que uno genera en la gente y de lo que sé que esperan de mí en cada show.
-¿Cómo te llevás con toda la carga de vicios que tiene la noche, sobre todo la noche electrónica?
-Los vicios no son de la noche, ni son de la electrónica. Son de las personas, a cualquier hora, lugar, y con cualquier preferencia musical. Afirmar otra cosa es una auténtica hipocresía. En lo personal, yo no fumo, no tomo alcohol y, por supuesto, tampoco me drogo.
-¿Sentís que cambió mucho el público desde que arrancaste a esta época?
-Pasaron muchos años y nada es igual, ni en los clubbers, ni en la música, ni en las costumbres habituales de todas personas. Sin ir más lejos, la electrónica misma pasó de ser novedad a formar parte del soundtrack de la vida de prácticamente todas las generaciones urbanas. Sin duda, fueron años de contundentes cambios.
-¿Cuál elegirías como el mejor tema bailable de la historia?
-Imposible quedarme con uno aunque Off the Wall, de Michael Jackson, es fantástico.
-¿Cambió mucho tu vida con la paternidad?
-Absolutamente. Mis hijas mejoraron mi vida en todo sentido y me parece que esa felicidad se refleja en lo que hago. Si te fijás, los DJ’s más importantes del mundo son padres.
-¿Viajan con vos tus hijas?
-No, siempre viajo solo, la familia se queda en casa.
-¿Qué es lo que más te gusta hacer cuando no trabajás?
-Cocinar. Me encanta todo el proceso, desde ir al mercado a elegir los ingredientes a instalarme luego en la cocina de casa. Como buen argentino, soy un gran asador además. Estoy seguro que existe una íntima conexión entre la cocina y las bandejas: en ambos mundos la idea es mezclar cosas para conseguir un resultado nuevo, que te agrade a vos, pero sobre todo a los demás.
-¿Podrías resumir tu itinerario de viajes de los últimos dos meses?
-Desde octubre hasta acá pasé por: Barcelona, Londres, Ankara (Turquía), Cluj y Bucarest (Rumania), Jakarta (Indonesia), Chelyabinsk (Rusia), Budapest (Hungría), Riga (Letonia), Atenas, Buenos Aires, Barcelona, Delhi, Pune y Bombay (India), Londres, Tesalónica (Grecia), Curitiba, Buenos Aires de nuevo y ahora me esperan Washington, Atlanta y Chicago.
-¿Cómo ves el país desde la distancia?
-Si hay algo que aprendí en este tiempo es que la distancia distorsiona mucho las cosas. Te diría que de lejos el país se ve mucho mejor que de cerca. Eso no quita, igual, que uno de mis sueños a futuro sea el de instalarme definitivamente en la Argentina. Pero para eso falta mucho todavía.
-¿Dónde pasarás las fiestas?
-Navidad en casa y en familia, pero para el 31 ya estaré de nuevo en el aire: me toca recibir el Año Nuevo en Playa del Carmen, México.
Revista LUZ