Empezó pasando música entre amigos –en las fiestas en Río de Janeiro, en 2000– y hoy es considerada “la primera dama del house”. Con sus dedos finísimos y largos “toca” y hace bailar a multitudes con una fusión de electrónica más una cálida reminiscencia de su Brasil natal. DJ Mary Zander es la punta del fenómeno de las mujeres deejays, las nuevas reinas de la noche. 
Es de día y la luz del sol no parece encandilar a Mary Zander (31), que mantiene una mirada fresca y despierta como si estuviera por arrancar con una de sus presentaciones (sets), tal como lo había hecho la noche anterior a nuestro encuentro. Con la misma energía, ella abrió las puertas de su casa porteña que en sólo unos segundos deja ver el aura alegre de esta brasileña semi-nómade que viaja por el mundo transportada por su música electrónica (en muchas ocasiones, acompañada por su marido, un publicitario bahiano). Un loro verde brillante nos recibe en la entrada con algunas notas agudas; Zander aclara: “Sólo grita”. Desde la cabina de DJ ella no levanta la voz pero expresa todas sus vibraciones a través de la sucesión y encadenamiento de discos + bandejas = música, que generan reacciones y exclamaciones de la gente. Enseguida cuenta que ser mujer deejay en un universo mayoritariamente masculino tiene dos aristas: se puede ser la “niña mimada” o caer vencida por el “machismo desconfiado”. Como una heroína, Mary asegura haberse impuesto uniendo estas dos aguas con naturalidad y dejando boquiabiertos a más de uno. “Hay un lado positivo de ser una mujer en esto y es que se genera una expectativa muy grande –asegura–. Todavía es una novedad, no es algo normal, a todos les llama la atención que una chica sea DJ, y eso provoca que la apertura de la gente para escucharte sea mayor. El lado malo es que más de una se pregunta si verdaderamente vas a hacer bien el trabajo porque por ser una mujer se desconfía sobre todo de la técnica para manejar los equipos y mezclar los temas. Esa presión siempre la sentí, aunque hoy estoy más tranquila”.
El coraje de hacer lo que más le gustaba derribó cualquier tipo de presión o prejuicio, y la brasileña se posicionó con un estilo único en pistas de distintos festivales, desde Brasil a otros lugares del mundo en los que hizo eco hasta alcanzar una presencia importante entre los DJ internacionales más prestigiosos. Donde contagió su magia masivamente a miles de oídos por primera vez fue en “Skol Beats”, en 2005, el festival de música electrónica de San Pablo, el más importante de Latinoamérica. Ahí se lució como la “primera dama” en pisar el mainfloor (escenario principal). Ese año despegó como la deejay revelación del reconocido premio “Cool Awards”, y prefirió no aterrizar y volar más alto, hasta tocar en las mejores discos, ser residente de Warung (Santa Catarina, Brasil), uno de los mejores clubs del mundo elegido por la revista inglesa DJ Mag y participar en los festivales más importantes de Brasil, como el Bavaria Vibe, Creamfields y eventos de marcas de primera línea.
A pesar de su reconocimiento global, Mary conserva una humildad y sencillez que la embellecen y le permiten adaptarse al público de cualquier festival o país. “Para mí importa más la energía de la gente que el país donde estés tocando. Somos todos iguales. Me encanta tocar en Brasil, en Argentina, Colombia, Bolivia, o donde sea. Yo siempre me preocupo por hacer algo distinto de los otros DJ, algo nuevo, esté donde esté”. Y en esa parte de la charla se anima a hablar –y analizar– desde su perspectiva de dancing queen la eterna rivalidad entre brasileños y argentinos. Ella prefiere hablar de diferencias entre unos y otros, pero aclara que se desenvuelve con éxito entre los dos polos, y destaca el impulso que mueve a bailar a todo ser humano. “En la Argentina hay una cultura muy europea que los hace ser más cerrados. En Brasil, en cambio, todo es más ‘arriba’, se habla más alto y es cierto que es un pueblo que vive todo con mucha ‘felicidad’. No es casualidad que allá toda su música remita al samba, que es siempre alegre, con poca ropa, muy sexy; en cambio en Argentina, la raíz de todo lo musical es el tango, que es más melancólico y reservado. Igualmente, la música electrónica tiende a romper esas fronteras y diferencias porque lo que genera es diversión y explosión por encima de todo”.
Entre costas brasileñas y las del Río de la Plata nadan sus presentaciones. La más reciente fue en el festival Levi´s one dotzero, en el Centro Cultural Recoleta, ocasión en la que atrajo a miles de aficionados que se acercaron al evento para conocer tendencias novedosas en artes visuales y música. Cinco meses atrás, decidió instalarse en nuestro país, en una casona antigua de Palermo reciclada muy personalmente con distintas pinceladas que juegan entre el retro y el tecno. En su mundo privado en el que hace escalas cada vez más frecuentes hay lugar para una vasta colección de viejas botellitas, para una pared repleta de espejitos con marcos de diferentes colores, y hasta una heladera adornada con arabescos negros.
Aunque se la identifique con la música house y sus adyacencias, advierte que le gusta “toda la buena música”, pero en su discografía personal se siguen detectando vicios del oficio: funky, trip hop, jazz en versiones impuras y modernizadas y, eso sí, mucha bossa nova 100% hecha en Brasil. “Un artista que trabaja con música tiene que tener la cabeza abierta y estar atenta a que de todos los estilos de música tienen algo para aprender”.
La fusión es sin duda parte de su esencia. Fue modelo antes de convertirse en disc-jockey, y a este pasado lo exhibe con orgullo y soltura a la hora de las fotos. Elige los colores –acaso una herencia tropical– con ciertos detalles elegantes a la europea, más la picardía del ojo pintado que remite al filme de culto La naranja mecánica, y un simpático bombín. Debajo de él, el pelo corto y lacio –un carré inocente– que enmarca sus rasgos armoniosos. “La indumentaria es muy importante para un artista. Cuando estás en la cabina, todas las personas te están mirando, y si tu ropa es linda, suma. Pero lo más importante es usar lo que a uno le gusta, tener un estilo, algo personal. Si yo estoy feliz me pongo un montón de colores, y sino algo más oscuro, depende de cómo esté por dentro. Pero tengo mi propio estilo, y aprendo todo el tiempo observando, porque siempre que vas a un boliche hay un montón de gente, y ahí es donde está la moda”.
Encontrar el estilo que mejor represente a cada uno. Ser uno mismo. Da la sensación de que, al hablar, Mary Zander intenta siempre comunicar una forma de vivir y de ser, un espíritu que tiene que ver con la libertad y la espontaneidad. “Es lo que intento transmitir en cada uno de mis sets –ratifica–. Sensaciones y pensamientos abiertos, que son esenciales a la hora de crear música. Cada presentación que hago es como una historia y tenés tres o cuatro horas para contarla. Hay un inicio, un nudo y un final en el que vas comunicando cosas y energías diferentes. Yo siempre trato de contar una buena historia, aunque parezca que se trate sólo de bailar”.
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