Ni grupo de moda ni salvadores del rock. En Pieces Of The People We Love, su nuevo disco, el cuarteto estadounidense The Rapture suaviza la ausencia de novedades con pocas pretensiones, pero todas muy respetables: divertirse, transpirar, hacer bailar.
Por Stéphane Deschamps
Hace tres años, toda una eternidad en la escala del rock, The Rapture (LINK:
The Rapture) era el grupo del que todo el mundo había oído hablar, pero al que nadie o casi nadie había escuchado. En una palabra: hype. Otra bandita más de la ola de “los The”, con actitud de combo post punk neoyorquino, patrocinado por los productores electro de moda (el team DFA) y un par de simples aterrizando como ovnis en una pista de baile celebrando el retorno del rock. Sí, The Rapture tenía todo para gustar. Incluso un disco, el muy bien titulado Echoes. ¿And The Bunnymen?… Era el chiste habitual para subrayar que finalmente The Rapture era un grupo en serio, un poco camaleón, que se alimentaba de influencias varias. Con su última entrega, el hype, lógicamente, decayó. Su nuevo disco se llama Pieces Of The People We Love –“fragmentos de la gente que queremos”–, y podría decirse que es otro acierto de un grupo que no cambió demasiado, pero que sabe muy bien cómo tocar nuestros corazones. Entre esta gente que los Rapture tanto quieren están los Talking Heads, los B52’s, Pere Ubu, Gang Of Four, Primal Scream, los Happy Mondays y algunos pioneros del hip hop o del house. La novedad para The Rapture es que ahora el grupo parece más cómodo con su propia música que con la de sus influencias. Pieces Of The People We Love no es un disco vanguardista, pero es más homogéneo, directo, fresco y alegre que Echoes. The Rapture suena como una banda de garage en una fiesta en la que sólo está permitido tocar música disco, con pretensiones modestas pero respetables: divertirse, transpirar, hacer bailar. Calling Me, producido por Danger Mouse, mitad de los Gnarls Barkley, suena como una verdadera pepita de garage psicodélico, con guitarras fuzz y una rítmica tóxica. Desde el tema que le sigue, los muchachos baten palmas para hacer percusiones (hay muchas percusiones en las canciones de The Rapture) como si se estuviesen aplaudiendo a ellos mismos, felices por el trabajo cumplido y el camino recorrido. “Soy nuestro primer fan”, confirma orgulloso Luke Jenner, cantante del grupo de dance rock más alienante del momento.
ENTREVISTA> A grandes rasgos, su música no parece haber sufrido demasiadas modificaciones, más allá de determinada sensación de unidad que atraviesa todo el disco… ¿El cambio fue más íntimo que para fuera?
Luke Jenner: Sí, en el funcionamiento interno del grupo. Antes, muchas decisiones eran tomadas en un clima de confrontación o de miedo. Para este disco, la idea era que cada uno hiciera su trabajo lo mejor que pudiera y punto. Nos tuvimos confianza y fue más divertido.
Vito Roccoforte: Digamos que cada uno encontró su lugar y logramos ir más allá de las fricciones y las presiones. Las relaciones entre nosotros son tan importantes como la música y tienen un impacto evidente sobre el resultado final. Muchos buenos grupos se separan porque no logran aprender a convivir, y ser parte de una banda es una relación full time. Es igual que en una relación de pareja, salvo que nosotros somos cuatro y eso lo vuelve más complicado. Conversamos mucho, ya no dejamos que se instalen los problemas.
Mattie Saber: Nos llevó mucho tiempo encontrar un modo de funcionamiento de a cuatro, pero hoy somos una verdadera familia.
Gabe Andruzzi: Antes también éramos una familia, pero bastante disfuncional… (risas). En el pasado hubo muchas tensiones y con el tiempo aprendimos a resolverlas; todos tenemos necesidades diferentes, pero cuando nos encontramos tratamos de funcionar armónicamente.Este disco también parece más directo que Echoes…
Vito: Puede ser, pero lo curioso es que, aunque no lo parezca, tomamos más riesgos. Hay temas que jamás hubiésemos podido hacer hace tres o cuatro años, porque en la época de Echoes estábamos interesados en diferentes estilos de música y metimos todo en el mismo álbum. Para Pieces Of The People We Love habíamos compuesto unas cuarenta canciones y pudimos elegir las que iban realmente bien juntas. Podríamos haber hecho un disco con la mitad de baladas.
Luke: Es un trabajo menos referencial que Echoes. Yo quería que sonara como un disco de Scorpions de los años setenta, pero como era el único con esta idea, no logré imponerla. Me encanta el metal de los ochenta… Cuando tengo tiempo libre, me pongo a tocar metal con la guitarra. Uli Jon Roth, de los Scorpions, es mi modelo.
Vito: Crecimos en un suburbio californiano como metaleros típicos, con el pelo bien largo. El único lugar del mundo que conocíamos era el sur de California. Recién nos cortamos el pelo para ir a Europa.Luke: Vito y yo nos conocemos desde que tenemos diez años; en la adolescencia éramos Beavis & Butthead… (risas). Mi sueño era tocar en el gran escenario de Soma, una sala de San Diego. De hecho, todavía sigue siendo mi sueño.
Vito: San Diego es la peor ciudad del mundo para The Rapture: es muy pequeña, con una escena muy local; el grupo estrella es Blink 182 y los adolescentes escuchan Green Day. No nos comprenden del todo, funcionamos mejor en las grandes ciudades.Hace tres años, The Rapture era un grupo de moda que parecía demasiado favorecido por la prensa: un típico hype.
¿Cómo analizan esa situación a la distancia?
Gabe: No sé analizar el hype, no tiene sentido. Sólo puedo decir que en su momento fue divertido, y que nos afectó bastante. Cuando salió la canción House Of Jealous Lovers tuvimos una presión mediática enorme y Echoes terminó saliendo más tarde por culpa de eso, demasiado tarde en mi opinión. Me pareció bastante ridículo ser un grupo “hype”, porque la gente se hizo una idea de nosotros sin conocernos, y eso puede llegar a ser terrible. //
Fuente: Los Inrrockuptibles Online.-