les dejo la segunda parte de este especial
In Cut We Trust 
Jacques Roige es uno de los manufactureros de la música que un día cogió el coche y se fue hasta Alemania para hacerse con un VinylRecorder T560. Eso si, previo paso por un cursillo acelerado en el taller del maestro Ulrich Sourisseau. “Me venía a buscar cada día a las nueve de la mañana. Desayuno potente con salchichón y de ahí a grabar vinilos hasta las nueve de la noche y sin parar. Y no le dijeras de parar porque si no se rebotaba”, comenta este francés desde su piso de Barcelona, muy cerca de El Molino, donde se ha instalado su estudio con el grabador de vinilos T560 presidiendo por fin la habitación. “Tu has venido aquí a cortar y eso es lo que harás”, apuntará el master del corte si te quejas de las condiciones de trabajo algo extremas. Para que el vinilo coja la forma ideal, la ambientación tiene que estar a 30 grados pero Ulrich no se conforma y pone la calefacción a 45 grados todo el día. “Yo pensaba que me desmayaba… Eso si, te trata a cuerpo de rey. Te paga la pensión con todas las comidas incluidas durante los cinco días que sigues allí haciendo las prácticas en su casa”, remarca este aprendiz del noble arte del corte del vinilo. “Nada más llegar a su pueblo después de un día conduciendo me cogió por el brazo y me llevó a su estudio”, explica con énfasis. Así que nada, a cortar. El maestro pone la estructura a disposición del aprendiz que tiene que llevar el plato que además debe ser un Technics 1200 SL y en color gris (“si no traes ese modelo de giradiscos no te dejará empezar las prácticas”).

Física y química
Jacques me comenta leyes de física que ha aprendido de los múltiples libros sobre la materia que se divisan por las estanterías de su casa. “De toda la vida las vocales a capella se colocan al final del vinilo. A medida que va avanzando la aguja que graba el surco y se acerca al centro del plástico, por una ley física de la hostia, empieza a admitir menos agudos. Por eso, la parte más aguda, como la voz desnuda o a capella, se ponen al final del disco, de esta manera se compensa esa carencia física”, me explica con un tono pedagógico envidiable. También aprovecha para explicarme las características de la arcilla sobre la que se imprime el sonido y que ha sido muy importante en la escena de dub y de drum&bass: “El dubplate es un acetato que se pincha unas diez veces y ya lo puedes tirar (o casi). Se corta con zafiro que da una precisión de sonido muy buena pero cuenta con la desventaja que debes imprimir el surco en acetato que tiene una vida muy limitada. En cambio el vinilo que sale de fábrica por lo general es policarbonato. Lo puedes pinchar mil veces y aún te puede servir. Cada disco te puede salir a veinte euros. En Inglaterra te cobran 70 euros”. Hablando de “pempis”, hay que decir del hobby, capricho o altruismo que sale caro. El sistema inicial que vende Sourisseau cuesta 3200 euros (+ IVA) pero después tienes que comprar añadidos básicos como el correspondiente amplificador o la cabeza de corte vale, la más barata unos 1000 euros, y el diamante que regirá los designios de la música con su corte que vale unos 300 euros también (“y si no lo calientas correctamente se te echa a perder y lo puedes joder en diez horas”). Con el resto de periféricos todo el sistema básico puede subir a unos 6000 euros según nuestro entrevistado.

Los artificieros del vinilo
Jacques es además miembro del sello Artifex Records y ha publicado cinco referencias hasta el momento de escribir este artículo con música de Sistema, Onicrom, Garnica o Benny Yasoto. El sello en cuestión cuenta con un manifiesto en su web que lo convierten en una asociación sin ánimo de lucro que pretende fomentar el vinilo y a los artistas que se distraen grabando música en ellos. Que el sello no busca un gran lucro lo demuestra el hecho de que las cinco copias que lanzan de cada serie se reparten gratis entre una lista de lo que se entiende son amigos exclusivos. “Yo no cobro un duro. Todo el dinero que ganamos de las fiestas que montamos con nuestros artistas va revertido a la asociación. Normalmente lo invierto en comprar vinilos vírgenes que son caros y además se tiran muchos a la basura porque cada corte es una historia y a veces fallas más que una escopeta de feria. Yo a los que me encargan pequeñas tiradas les cobro la unidad a diez euros”. Jacques recibe encargos de algunos dueños de sellos pequeños que necesitan alguna copia para pinchar sus nuevos temas por esos clubs de Dios. De tal modo que los jóvenes que han empezado hace un tiempo con sellos virtuales son los que más le llaman para encargarle vinilos transparentes (otra marca distintiva del hacer de la casa). Básicamente lo que necesitan es un test pressing para pinchar antes de que salga el disco al mercado. “Si se sigue todo el proceso industrial convencional pueden pasar tres meses hasta que les llegue la serie entera, lo que resulta un problema cuando necesitas airear un tema en concreto por los clubs para que la gente lo vaya conociendo. Ellos me entregan las pistas y al día siguiente ya lo tienen planchado”, nos aclara Jacques mientras enciende la máquina cortadora. “Lo que me niego es a grabar Cds de un grupo o artista que no es del propio cliente pero que se ha encaprichado de una canción que quiere tener planchado en vinilo. A mucha gente le he dicho que no, aunque me han ofrecido bastante pasta. Porque entiendo es otra forma de piratear. Hay que ser un poco ético”, comenta ahora bastante más vehemente nuestro entrevistado.

Ese transparente objeto de deseo
Según Jacques muchos artistas desisten del Beatport y de las descargas en mp3 porque la gente no se escucha los links que les llegan al correo electrónico. En cambio, si un periodista recibe un vinilo transparente se lo mira de otra manera (“Tengo algún cliente que para entrar en una distribuidora importante ha optado por pedirme cinco copias en vinilo transparente para llamar la atención”). Al contrario de lo que le ocurre a todo el mundo, a Jacques ya no le motiva producir -ya lo hizo en los 90-, a él lo que le va es hacer los vinilos. Impregnar la música en ellos. Pero para llegar a ese momento psico-mágico se necesitan algunas horas de vuelo extras además de la preparación en Can Sourisseau y de salvar algunos escollos externos. “Tiras a la basura muchos vinilos hasta que pillas el punto del filtro y del resto de movidas que condicionan una buena grabación. El principal problema es que mucha gente se ha puesto a producir sin tener ni idea de sonido. Hay mucha gente que te trae un Mp3 que peta por todos lados y después apáñatelas tu para ecualizarlo. A veces estoy obligado a hacerles un pseudo-mastering de tercera por que de lo contrario aquel master no se graba ni en broma”. Una pista para finalizar: “El sonido debe ser sobretodo envolvente”.
Especial : In Cut We Trust (parte 2) :: Clubbingspain.com