| The Orb y David Gilmour, con sello cósmico (review en La Nacion) A veces hay puntos en común más allá de los orígenes y las formas. Porque en algún lugar de nuestras vidas hay sentimientos y pasiones parecidas. Estos días me he empecinado en escuchar una y otra vez, como un loop permanente que, creo, siguió en mis sueños, el álbum Methalic Spheres, de The Orb, con la participación estelar y fundamental de David Gilmour. ¿Cómo es que este grupo inglés, baluarte de la música house anclada en el ambient, se entreveró con la guitarra y la voz de una de las más significativas bandas de rock de la historia? ¿Cómo congeniaron para realizar un disco excepcional, un vuelo onírico que cobra significancia diferente según el momento del día o el estado de ánimo con el que se lo escuche? Dylan diría que la respuesta está flotando en el viento, pero yo creo que tanto The Orb como el guitarrista de Pink Floyd tienen un vínculo en lo cósmico, en los sonidos que nos hacen despegar los pies del suelo.
Son 49 minutos de música casi instrumental –con apenas algunos fraseos de voz de Gilmour que llegan y se desvanecen–, divididos en dos piezas: Metallic Side y Spheres Side. La calma y el silencio también tienen su lugar preponderante en esta obra que, no quedan dudas, es el fruto del encuentro de mentes en ebullición de emociones. Y qué decir de Gilmour… Que uno podría reconocerlo en cualquier cata musical a ciegas. Uno podría intentar definirlo en algún tipo de ranking que agrupe a los mejores guitarristas de rock de todos los tiempos. Pero, mejor aun, creo que Gilmour tiene un don que lo ubican en un grupo selecto: el de un pulso y un sonido tan personal que le otorgan una identidad (como a Keith Richards, como a Mark Knopfler, por citar un par de casos distintos entre sí) que va más allá de los virtuosismos.
¿Cuál es el origen de esta asociación que derivó en Metallic Spheres? Youth, miembro ocasional de The Orb e integrante de Killing Joke, recibió un encargo de Gilmour para remixar la canción Chicago, de Graham Nash. Lo que le devolvió Youth, junto con el alma creativa de The Orb, Dr. Alex Paterson, fueron loops y guitarras como para todo un disco. (Paterson es toda una mente inquieta. Por citar algunas de sus colaboraciones, puede mencionarse FFWD, el proyecto junto a Robert Fripp, o su colaboración en Screamadelica, el disco que marcó a fuego a los Primal Scream. Sin embargo, The Orb no ha tenido que ver con ciertos remixes de Pink Floyd que han circulado a lo largo de los años y por los cuales fueron sindicados como autores materiales.) Por supuesto que el alma de Chicago reaparece en varios momentos de la obra, incluidos algunos versos en la voz fantasmal de Gilmour e incluso en la coda de la segunda parte, donde un bajo grueso toma el mando casi como en una obsesión por el dub.
La idea de esta obra para las presentaciones en directo, según el propio Paterson, es presentarlo en diez grandes galas a lo largo del mundo, ya sea en raves o en discotecas, y dicen que pretenden que Gilmour participe al menos en una de ellas. Al mismo tiempo, la agenda de The Orb es tan apretada como variada. Desarrollan músicas para videojuegos, trabajan con un grupo de música electrónica llamado High Frequency Bandwidth y preparan una ópera para presentarla, en 2012, nada menos que en la Royal Opera House, de Londres.
Fuente: La Nacion Online (El Amplificador)
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