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«Prodigy» se lo hacen rápido
ESPAÑA
"quisiera convertir esto en un ataque formal contra la música electrónica, que no se lo merece si uno la contempla en detalle y con atención a sus muchas y muy brillantes ramificaciones o si uno toma perspectiva y admite de una vez que a estas alturas de la película el código binario ha ganado la partida a las válvulas en poder de convocatoria. La música electrónica, y mira que lo siento por los géneros derrotados, es sin duda el pop del momento de los directos, la que suma multitudes a cualquier precio y deja satisfecho y exhausto al personal.
En ese contexto, el concierto de «The Prodigy» del sábado en San Lázaro tendría que haber sido una fiesta: grupo de culto del género, huidizo al etiquetado, con éxitos notables en el repertorio, noche sabatina y mateína despejada, ganas de restalle, recinto amplio.
En la cola, mientras el Dj asturiano G-Kahn seguía oficiando desde la mesa con variedad y calidad de ingredientes, ácido y profundo, se notaban esas ganas de botar, darlo todo, desfogar y salir derrotados que sólo la música electrónica en su paroxismo del patrón rítmico parece ofrecer al espectador de aquí y ahora.
Los bajos profundos y los bombos disparados a una profundidad de años luz por Liam Howlett y su unidad central de teclados industriales cuando las luces se apagaron y empezó el show confirmaron la ley de la oferta y la demanda. Maxim, el vocero de «Prodigy» al que para llamar MC le sobran ganas y le faltan estrofas, saltó al ruedo preparado para convertir la sesión en un combate de boxeo con el público exigiendo a gritos las «jodidas manos en alto» y los «jodidos gritos» del respetable.
El contrapunto a toda esa agresividad escénica lo ponía Flint, tercera pata del banco convertida en duende saltimbanqui sobre el escenario.
En esta última versión -estos chavales llevan desde los noventa- «Prodigy» suma a los directos al guitarrista The Rev y al batería Brian FairBrain, aunque en medio de las terribles descargas industriales e hipnóticas su presencia se reduce a la categoría del atrezo. No, nadie va a un concierto de «The Prodigy» a escuchar una Gibson Les Paul -sepultada por los teclados y las programaciones- ni a intuir cómo una batería se da de bruces contra el muro infinito del drum'n'bass más apocalíptico.
Y sí, queda muy bonito sobre el escenario una mala burra repartiendo estopa a los parches y un guitar heroe anoréxico repartiendo poses.
Sólo el trío fundacional se basta para poner en órbita al personal cuando la expresión arcana del ritmo tribal se convierte en loop esencial al disparar grandes éxitos: «Breathe» o «Their Law» entre las de la primera tanda y el apocalipsis final de «Poison», «Blow your Mind», «Smack My Bitch Up» o el «Out of Space» en la recta final.
Los adornos de poner un amplificador como quien pone una mesa camilla me sobran.
Y la hora y diez minutos, aunque sea de éxitos, se me quedó corta. Lo mío no era por restalle, así que supongo que el personal se quedó un poco a medias, sólo saciado por la segunda sesión de G-Kahn.
Por parafrasear: «Last night a Dj saved the live». Que el Dj salvó la noche. Si fuera por las estrellas, el subidón no hubiera pasado de polvo rápido, tan intenso e higiénico como fugaz y previsible."
Aclaro:esta es una noticia de un diario español...no es mi opinion