Acid House (desde Chicago hasta el siglo XXI)
Corría el año 1987 cuando Dj Pierre y Spanky, dos incansables experimentadores del sonido house (que dicho sea de paso llevaba ya varios años pegando fuerte en el Reino Unido exportado por dj´s como Ralphi Rosario), descubrían un nuevo y revolucionario estilo fruto de cientos de horas averiguando las posibilidades del procesador de bajos analógicos Roland TB-303. Un sonido hipnótico, abrasivo y extremadamente ácido (tanto como las drogas con las que por aquella época se comenzaba a experimentar) que enseguida llamó la atención de Ron Hardy, dj de The Music Box, discoteca que poco después sería considerada la casa del acid, curiosamente en la ciudad que fue cuna del house: Chicago.
Poco tiempo después y totalmente seducido por lo envolvente de este nuevo sonido,Marshall Jefferson produciría el primer disco de Phuture (formación de los “housemasters” Pierre, Spanky y Herb Jackson) en el mítico sello Trax con el nombre de “Acid Trax”. A partir de ahí serían innumerables los artistas que imitarían este sonido.
En Inglaterra fue todo un “boom” gracias, en parte, a la cultura de las nueva drogas ácidas (gran parte del significado de su propio nombre se lo debe a ellas) y a la moda “raver” que promovía las fiestas al aire libre en medio de un clima de liberación mental y corporal fruto de la suma de los efectos de música y química. Era el segundo “verano del amor”. El logotipo del “Smiley”, que todavía hoy podemos ver impreso en pastillas de éxtasis, se convirtió en el símbolo del movimiento acid house, junto al pañuelo en la cabeza que poco después adoptarían culturas como la del hip hop. La fiebre por este estilo fue tal que incluso se llegó a denominar como “Add-men” a los fieles al acid.
La apoteósis del género llegaría con el tema “We call it accieeed” de D-Mob, que incluía uno de los gritos más sampleados hasta nuestros días por todo tipo de productores de música de baile y que incluso llegó a prohibirse en las emisoras del Reino Unido durante un tiempo. Aunque si hay un productor sobresaliente en esta época, ese es el malogrado Armando, autor del himno “Land of Confusion” y creador junto a Mike Dunn del sello Warehouse de Chicago. Lástima que una leucemia acabase con su vida en el año 96, a buen seguro que de no haber sido así todavía hoy nos deleitaría con sus sets de hardhouse, underground y cómo no... acid.
Antes de finalizar y conscientes de lo efímero de la moda acid (muchos de los productores de aquellos años se decantaron más tarde por el deep house o por el techno), sería injusto no nombrar a Josh Wink, el heredero más aventajado del acid, que desde Filadelfia ha llevado el espíritu de la época desde sus primeros éxitos “Higher state of consciousness” o “Don´t laugh” hasta sus actuales trabajos dentro de su propio sello Ovum, donde presente y pasado se dan la mano. Por último, en una faceta más techno y también todavía en activo encontraríamos nombres como Robert Armani (imprescindible su “Circus bells”), Phuture 303 (resucitados de sus cenizas por Music Man), Dj Skull, el propio Baby Ford o formaciones industriales de la talla de Cabaret Voltaire.
Y es que a pesar de lo esporádico de este fenómeno son todavía muchos los dj´s que hoy por hoy recurren al acid en sus sesiones (el mismísimo Laurent Garnier) e incluso no es extraño ver declararse adeptos de la cultura acid a componentes de formaciones electrónicas como A Guy Called Gerald, que en un principio poco tendrían que ver con todo aquello, pero que en sus primeros años de vida, no dudaron en sacarlo partido a la Roland con himnos como “Voodooy Ray”, sintonía obligada cada noche en Hacienda, epicentro del sonido “Madchester”.
Lo peor de todo aquello ha sido ver el declive del género en Inglaterra, desvirtuado hacia el hardhouse de “macrodiscoteca” y al trance comercial. Aunque, afortunadamente, en los dos últimos años, una nueva oleada de ritmos ácidos inunda las cubetas de las tiendas de discos más cool gracias a nombres como los de Jesper Dahlbäck, David Duriez, Sasse y muchos más sobre los que tendremos la oportunidad de hablar en la segunda parte de este especial.
Acid House (la lisergia acid se apodera de la música de baile del siglo XXI)
Muchos artistas y periodistas en prensa especializada, no dudan en establecer el comienzo de este revival acid que ahora inunda las cubetas de discos en la publicación del 12” DK7 “The Difference”. No les falta razón para pensarlo, pues el séptimo volumen de esta serie de maxis producida a medias por los suecos Jesper Dahlbäck y Thomas Krome ha ido cobrando una importancia con el paso de los meses que ni siquiera los responsables del sello Output, que licenciaron el tema a mediados de 2003, editándolo en sendos maxis con remixes de Jori Hullkonnen y Martin Landsky (ejemplos ambos de lo que es hoy en día el revival lisérgico), fueron conscientes de la larga vida que esperaba a DK7, ya como formación que a posteriori seguiría en el sello británico con resultados tan brillantes como “Whiteshadow”, su último single, que incluye el tema “Slipstream”, puro deleite para oídos deseosos de bleeps ácidos.
Al margen de esto, y de los continuos devaneos de Dahlbäck con el acid de nueva escuela, ya sea junto a su primo John, un joven productor de house junto con el que firmó en el pasado 2004 obras de arte como ese genial “Sweden 1-Canada 0” para Turbo, el sello de Tiga (otro que se ha dejado llevar por el revival, escuchen si no su hit “Pleasure From The Bass”) o las cuatro espléndidas referencias de Dahlbäck Recordings, firmando algunas de ellas como Hugg & Pepp, o con el ya mencionado Hullkonnen formando Kebacid, un nuevo proyecto con el que revitalizar el sonido que un día nos descubrieron sellos como Dancemania o Trax en otra disquera del nórdico, Blank, donde a su vez sigue haciendo de las suyas como JD (genial “Acid Power”) o en Pokerflat junto al neoyorquino Alexi Delano como ADJD, todo ellos sin llegar a su enorme listado de remixes para artistas de lo más variado (véan si no como reconvirtió el “Jack 2 Jack” de Panash, un tema que en su día publicó Andrew Weatherall en su poco exitoso label Emissions Audio Output), lo cierto es que la historia del acid contemporáneo goza a su vez de otros nombres propios, capaces de mezclar los abrasivos efectos de la Roland 303 con el house, el techno e incluso el trance.
Sellos como Classic o Music For Freaks, se inclinan por este género como eficaz ayuda para salir de la mediocridad impuesta en el house actual, fabricando ritmos juguetones y tremendamente adictivos, gracias a la originalidad impuesta por Freaks (Harris & Solomon) o los propios Tiefschwarz, que edificaron los pilares de su ahora trepidante carrera en estas casas discográficas de las islas británicas. En los Estados Unidos, no son pocos los que intentan volver al sonido del Chicago de finales de los ochenta, aunque pocos los hacen de manera coherente. Quizá el artista más destacado sea Abe Duque, un veterano de origen latino que vivió en primera persona la explosión acid y que ahora la recuerda con nostalgia, ya sea en su propio sello Abe Duque Records (brillante “What Happened?”), revisando insípidos temas de Miss Kittin o The Chemical Brothers para reconvertirlos en tremendos hits e incluso siendo requerido por Dj Hell (gran amigo de Abe desde su etapa en Disko B y con el que trabajo hace dos años en “N.Y. Muscle”) para publicarle un lp en Gigolo que esperamos como agua de mayo. Y si hablamos de house infeccioso e inconformista, justo es hacer un hueco para acabar a los franceses David Duriez y Dj Terry, siempre pendientes de mover la pista de baile al ritmo de los bleeps del acid.
Volviendo la cabeza ahora hacia Alemania, podemos ver la influencia del género en el minimal, ya sea en sus manifestaciones house o techno. Sasse a.k.a. Freestyle Man, sigue cumpliendo desde su plataforma discográfica Mood Music con el cometido de ofrecer baile con fundamento y Tom Clark y sus chicos de Highgrade parece haberle perdido el miedo a las producciones menos minimalistas y mirando de reojo la “dancefloor”, se atreven con “pelotazos” del calibre de “Acid Bitch”, cortesía de Magnetic Base, uno de los proyectos en paralelo del propio Clark, lo mismo le ocurre a Steve Bug en Pokerflat, donde Martin Landsky o él mismo (recuerden el genial “Future Retro 101”) dan rienda suelta a las secuencias lisérgicas. Electric Indigo, propulsora el acid junto a Dj Hell (Helmut sigue en ello, oigan si no “Let No Man Jack”, incluida en su último lp) en su país a principios de los noventa, también tiene un hueco en estas líneas gracias a su trabajo en Indigo:Inc, con cuatro referencias ya publicadas sin ningún desperdicio. Gigolo, como no podía ser de otra forma, se recicla a golpe de bleeps, contando con productores como el francés Kiko (ácido cuando quiere) o remixes del propio Dahlbäck para esta nueva temporada 2005 que ahora empieza. Y es que ni el mismísimo James Holden, ya de vuelta a las Islas, ha podido resistirse a firmar una pieza acid tan brillante como el remix que hizo para el tema “Fancy Arse” de sus colegas Avus.
Un poco por encima, y sin profundizar demasiado, repasaremos para ir finalizando este reportaje a los productores que hoy todavía creen en el acid como complemento del techno. Sobresale sobre todos el nombre de Dj ESP a.k.a Woody Mc Bride, artífice de tracks como el genial “Basketball Heroes” , sin olvidar también a Tim Taylor, miembro en su día de Egyptian Empire o Pump Panel y creador todavía de techno a base de bleeps en su propio sello Missile, como ese “The Horn Track” que arrasó las pistas de baile de medio mundo hace dos años. Acid Tracks, el sello que se apropió desde un primer momento del logo del smiley en sus portadas, también trabaja por seguir relacionando techno y acid, con artistas como Dj Pumphead, al igual que Rob Acid o el mítico Tyree Cooper en el sello Lone. El caso del norteamericano Josh Wink es ya muy diferente, pues desmarcándose cada vez más del house y el techno, se ha ido centrando en trabajos completamente ácidos, caso de su lp “20 to 20” y del “megahit” extraído del mismo “516 Acid”.
Así pues, y como pueden comprobar, el revival acid que ahora mismo disfrutamos, dista mucho de ser una simple moda, como bien puede serlo el electrohouse que tan de moda está también en estos meses o el schaffel que Michael Mayer y los suyos parecen querer mandar a mejor vida. El espiritu del verano del amor, las noches en Hacienda o los clubes de Chicago donde pinchaban Marshall Jefferson o Armando quizá sea imposible de recuperar, pero está claro que nadie nos podrá privar de seguir disfrutando de uno de los géneros más grandes que haya dado la música electrónica de baile en las dos últimas décadas.
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