
sábado 21 junio de 2008, 12:37
|  | Sixtyniner Super Moderador | | Miembro desde: 16 noviembre 2006 Ubicación: Capital Federal Edad: 24 | | | Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) Cita: | El Diario El Mundo va a hacer una cronica diaria de este festival, la voy a ir actualizando en este thread a medida que aparezcan las nuevas notas, está muy buena la idea. | SONAREANDO, QUE ES GERUNDIO
Ya estaban poniendo este lunes pasado el césped artificial en el CCCB barcelonés, ese verde sintético de minigolf, esas láminas de vegetación artificial unidas con alcayatas que le dan textura visual al festival Sónar en su tramo diurno. El Sónar se reconoce por ese verde de terraza, por ese césped falso de borde de piscina que sugiere verano y en la que el olor del cloro se ha substituido por la fragancia acústica de la música electrónica.
El jueves comienza una nueva edición del Sónar, la que hace quince –o la que hace catorce para servidor, que sólo se perdió la primera por ser demasiado joven y demasiado pobre 'illo tempore'–, y muy amablemente me han solicitado las chicas de elmundo.es, majísimas ellas, que les escriba una crónica diaria para relatar en primera persona todo lo que vaya aconteciendo en el festival –y que estos ojos vean y estos oídos buenamente escuchen– para solaz de ustedes, lectores, que a bien tienen a emplear su tiempo en este espacio. Y como a una chica no se le niega nada, allá vamos.
El gran problema con el que me encuentro ahora mismo no es el qué –el Sónar, ya se sabe, y si no se sabe se explica, es un festival centrado en las manifestaciones musicales de vanguardia, de baile, de especulación sonora; o sea, de música electrónica y similares, no tiene mayor misterio–, sino el cómo explicar el Sónar sin tirar de la jerigonza de la que los periodistas especializados en esta material solemos abusar y que mucho ayuda a que los lectores nos tilden de nigromantes del lenguaje, de ocultistas del significado, de extraterrestres que se comunican en código. En otras palabras: que no nos entiende ni nuestra santa madre. Cita: |
Más que un festival es un microcosmos en el que durante el día se mezcla la música con pases de modelitos espontáneos, la vanguardia en arte digital con una fauna humana pintoresca
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Si ahora vengo yo y les empiezo a soltar palabrotas de significado esotérico como 'skweee', 'warpiano', 'vocodelia', la nueva escuela 'bassline', progressive hip hop, 'nu deep house' o e'mo-techno', me lo veo venir: aquí van a llover tomatazos, o pedradas, o comentarios ofensivos por parte de los lectores, que correrán al menda a gorrazos hasta la frontera francesa, por lo menos. Ocurre, sin embargo, que la música electrónica requiere de ese argot, aunque sea en dosis pequeñas. Es como si un traumatólogo, en vez de llamar al abductor por su nombre, liquida la cuestión con un ‘ese trozo de carne que está en la pierna’. O sea, difícil.
Cuestiones lingüísticas al margen, que ya se resolverán como buenamente dios quiera, aquí van las intenciones: diariamente y hasta el domingo les iremos sirviendo en texto, y por aquí mismo, sin que tengan que levantarse, el paisaje visual y musical de la jornada del Sónar del día anterior. El qué exactamente dependerá del propio festival: Sónar es un evento de lo más estrafalario, en el que nadie da un concierto normal –lo que está muy bien, que los conciertos normales ya están muy vistos–, en el que el público ni siquiera es el habitual en estos saraos. Así que las crónicas tratarán de lo que el azar nos ponga de por medio. ¿Sesiones de DJ? Por supuesto. ¿Directos? Faltaría más. ¿Cotilleos? Si se tercia, 'of course'. ¿'Freakadas' varias? Es la idea. Sónar, más que un festival es un microcosmos en el que durante el día se mezcla la música con pases de modelitos espontáneos, la vanguardia en arte digital con una fauna humana pintoresca, en el que los artistas vienen a hacer turisteo y relaciones sociales y por tanto se dejan ver en público con la misma despreocupación con la que un mono se pasea de rama en rama en su jaula del zoo.
En Sónar es tan importante saber si Richie Hawtin, afamado DJ de techno con flequillo, se ha ido a la pelu a repasarse el tupé, como si en su set ha enchufado cuatro portáles en línea y, a la vez que iba soltando techno a chorro, se echaba una partida al solitario o chateaba con la novia por Messenger. En Sónar es tan importante cazar a vuelaoreja un comentario entre dos freaks debatiendo sobre si el 'dubstep' de hoy tiene mayor consistencia de subgraves y frecuencias más bajas en megaherzios que el de hacía dos meses, y por supuesto relatarlo con todo lujo de detalles, para que se hagan a la idea de cómo estamos de mal los que nos dedicamos a esto. A ver con qué nos topamos. Cita: | Las crónicas tratarán de lo que el azar nos ponga de por medio ¿Sesiones de DJ? Por supuesto. ¿Directos? Faltaría más. ¿Cotilleos? Si se tercia, 'of course'. ¿'Freakadas' varias? Es la idea |
O sea, que el jueves empieza el Sónar, para allá que nos iremos con el atuendo correspondiente –camiseta con diseños de Bonesy, Adidas blancas y tejano con leve cagado es la idea: búsquenme– y a ver qué les podemos contar. Esperemos que sea mucho.
Y eso es todo por hoy, más o menos. Mañana más. Diario El Mundo.
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Úlima edición por ParanoidAndroid fecha: sábado 21 junio de 2008 a las 12:40.
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sábado 21 junio de 2008, 15:07
|  | Retoño Limon NC3: Miembro | | Miembro desde: 13 mayo 2008 Ubicación: cordoba Edad: 25 | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) es por eso q pienso q este festival es uno de los mejores del mundo. Generos de vanguardia, tecnologia digital, arte, musica, mas q una fiesta un espacio cultural enfocado en la vanguardia actual, un festival en todos sus puntos de vista....... conferencias, proyecciones de videos, muestras de arte grafico, musica de vanguardia. 100 % cultura digital. MAS Q UNA FIESTA!!! | ::blank:: 
miércoles 02 julio de 2008, 06:58
|  | Sixtyniner Super Moderador | | Miembro desde: 16 noviembre 2006 Ubicación: Capital Federal Edad: 24 | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) Unas cuantas recomendaciones Sónar rebuscadas, o sea, las mejores
BARCELONA.- Ayer hablamos de intenciones, hoy hablaremos de música. Del 'pomadeo' -es decir, una mezcla entre avistamiento de VIPs cual ovni en la montaña en un equinoccio cualquiera, cuchicheo de cotilleos y demás comportamientos más propios de patio vecinal o salón de belleza bien aprovisionado de prensa rosa en papel couché- habrá que hacerlo mañana, pero hoy toca hablar de música, en plan puro y duro, en plan incluso borde, marcial, porque ya que hoy empieza el Sónar, como mínimo que no se diga que no les hemos recomendado algo a quienes hacen el esfuerzo de aforar entrada y van a ese laberinto de rarezas a ciegas.
O sea, recomendaciones. Cosa difícil ésta, porque aquí los gustos nunca son coincidentes. Es decir, hay gente que va a Sónar a ver a Madness, algo que un purista -y servidor medio lo es cuando se trata de material electrónico; nadie es perfecto- tacharía inmediatamente de herejía. ¿Para qué ir a ver a un grupo de algo así como ska del pleistoceno si en el escenario de al lado está Shackleton, un tipo que no se hace fotos, da entrevistas a regañadientes, practica un sonido tóxico y oscuro salpicado de muestras de música palestina y desata un infierno de ritmos que vibran como el cristal de la estación al paso del tren?
Es que en esto de la electrónica, sépanlo, somos unos 'snobs' de la leche. Somos los más listos (toma, claro), tratamos al prójimo como un ignorante potencial hasta que no se demuestre lo contrario (nunca se demuestra) y nuestros gustos, que nos gustan sólo a nosotros, son los mejores. Allá la plebe con lo suyo. Aquí van unas recomendaciones para que, en caso de que no sepan de qué va la copla, descubran música intrigante, rara, emocionantísima o más perturbadora que una película de Haneke
Esto es un exagerar, que conste. En realidad no somos unos 'snobs', ni unos sobrados, o al menos servidor intenta no serlo a título personal. Altruísta que es uno, entusiasta de lo suyo que lo es también, prefiero compartir a imponer (qué hippy ha sonado esto). Así que aquí van unas recomendaciones varias sin intención de obligar a punta de pistola y desde el más profundo fondo del corazón para que, en caso de que no sepan de qué va la copla, descubran música intrigante, rara, emocionantísima o más perturbadora que una película de Michael Haneke, que ya es decir.
Es más: de perdidos al río. Destacamos lo más desconocido o caprichoso, y aquí no hay Goldfrapp, Jamie Cullum o Justice que valgan. Hay mucha miga desconocida en Sónar, siempre hay que ir a buscar la letra pequeña del cartel porque es la que da mejor recompensa -esto es algo que mucha gente todavía no entiende: en música electrónica, cuanto más estrella es uno, normalmente menos enjundia tiene su obra-, y desde aquí, humildemente, la casa les recomienda que, si los tienen a tiro, se pasen a escuchar a... FLYING LOTUS (viernes 20, Sónar de Noche, escenario SónarLab)
Acaba de publicar un álbum, 'Los Angeles', que es un primor. Sobrino-nieto de Alice Coltrane, el loto volador ha estado mamando espiritualidad musical desde pequeño, y ha llevado su propia idea de lo astral en el jazz -lo astral en la teoría, que conste- a su propio hip hop experimental y narcótico.
Este segundo disco, publicado en el sello Warp, es vapor electrónico que rodea ritmos húmedos a cámara lenta. Es el siguiente capítulo en una breve historia del hip hop progresivo y sin palabras -el de DJ Shadow y Prefuse 73- pero con la íntima tensión noctámbula del dubstep londinense, especialmente el de magos como Burial. THE FIELD (sábado 21, Sónar de Día, escenario SónarVillage)
El título del primer disco de este sueco pálido, Axel Willner, es de los que llenan el corazón de alegría y conexión con esa totalidad que perseguía Juan Ramón Jiménez en su poesía: "From here we go sublime", o sea, lo sublime empieza aquí. The Field hace, pues, música elevadora que hipnotiza y arropa, un intenso rayo de luz en el que resplandecen influencias del techno minimalista, el trance más sobrio y algunas melodías pop. Su punto débil está en que a veces le da por alargar mucho los temas -hasta los quince minutos, incluso, si nadie le para-, pero según cómo, y si se entra en el bucle de rapto extasiante, eso ni es talón de Aquiles ni nada que se le parezca. LEILA (jueves 19, Sónar de Noche, escenario SónarPark)
Leila Arab, de origen persa y aficionada a los instrumentos electrónicos raros y casi prehistóricos -o sea, los de los años setenta-, es una de esas artistas que, más que escribir música, escribe poesía con sonidos. Tras ocho años de silencio por motivos familiares -explica Leila que tuvo que dejar la música temporalmente para dedicarse a cuidar a su madre, compadeciente de una grave enfermedad que se prolongó durante meses y meses-, la que fuera teclista de directo de Björk allá por 1995 ha vuelto a grabar y a entregar música, y se presenta de nuevo en Sónar con un tercer disco, 'Blood, looms and blooms', que suena a soul sideral incrustado en un soundtrack de Bernard Herrmann con melodías impresionistas de frágil belleza. Llevar todo esto al directo será un pequeño cristo, pero ella puede. THE BLACK DOG (sábado 21, Sónar de Día, escenario SónarHall)
Una debilidad personal de hace muchos años, así que disculpen la nota melancólica. Mi primer disco de The Black Dog lo trinqué en vinilo por 800 pesetas, y hoy con un poco de suerte lo podría revender por 60 euros. No lo haré porque la música de The Black Dog, un techno cinematográfico, sideral y geométrico, vale más que eso. No vendrá la formación original porque Ken Downie, el único superviviente de los Black Dog míticos, se odia cordialmente con sus ex socios. Pero la calidad de la música sigue intacta y vigente. Si lo hacen como deben, o sea, bordado, será como dar gráciles saltitos por la superfície de la Luna. FLOGSTA DANSHALL & HARMÖNIA PRESENTA SKWEE (sábado 21, Sónar de Día, escenario SónarDôme)
Skweee es la palabra de moda entre el gentío freak aficionado a la música electrónica de corte abstracto. Es como, por ejemplo, coger el último disco de Justin Timberlake y quitarle a Justin Timberlake, con lo que la cosa se queda en unas bases electrónicas rarísimas, saltonas como ranas y cargadas de ruidos que suenan a un sampler haciendo gárgaras.
El skweee es una forma escandinava de hacer electrónica abstracta que mezcla la electrónica europea con el R&B americano, y normalmente la hacen suecos y finlandeses con aspecto de viquingo beodo y cara de loco. Puede ser peligroso acercarse al escenario, pero no hacerlo podría ser un error. Estos son capaces de tirar el chiringuito abajo. EWAN PEARSON (viernes 20, Sónar de Noche, escenario SónarPark)
Hay cuatro DJs en el mundo que leen libros. Está el francés Ivan Smagghe, fanatiquísimo de 'La novela de Ferrara' de Giorgio Bassani, luego está Andrew Weatherall, que sospechamos que le va el experimentalismo de Joyce; también tenemos al barcelonés DJ de Mierda, que sueña con Proust y hasta utiliza el seudónimo Umbral para grabar música, y por último está Ewan Pearson, que se desvive por la postmodernidad de Thomas Pynchon y que asegura haberse leído entero 'El arco iris de gravedad' como tres veces o más. Es verdad. Estos DJs odian a Dan Brown, son gente culta -alguno incluso cultureta-, y en el caso particular de Pearson hasta tiene estudios, ha escrito una tesis doctoral y pincha los sonidos house derivados de la música disco con una mano de ángel y una templanza abrumadoras. Éste es uno de esos DJs capaces de intelectualizar el hecho de bailar acudiendo a Platón y Kant pero a la vez desencadenar una cascada de beats húmedos, sonidos sintéticos, melodías que se elevan entre las nubes y un feeling de felicidad de no caber en el cuerpo que pa' qué. Aunque sea a presentarle los respetos, yo voy.
Estas son seis apuestas como podrían haber sido cincuenta. Me paro aquí porque me enrollo como un mapa mangado de la Biblioteca Nacional. Pero si quieren más nombres para ir picando, yo les suelto la lista a bulto y ustedes ya se las irán apañando como buenamente puedan: Pan Sonic, Bass Clef, Kalabrese, Deepchord, Yellow Swans, Matmos, Pilooski, Ove Naxx, DJ Scotch Egg, Diplo, Hercules & Love Affair, Mary Anne Hobbs, Buraka Som Sistema, Theo Parrish, Yazoo, X-102, Clark, Ricardo Pillaglobos, Efdemin y Pantha du Prince. Esto es lo que a servidor le pone intelectual y físicamente rijoso. Estar en todo va a ser imposible, pero se hará lo que se pueda.
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jueves 03 julio de 2008, 16:18
|  | Retoño Limon NC3: Miembro | | Miembro desde: 13 mayo 2008 Ubicación: cordoba Edad: 25 | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) hey muy buena la info por hay conocia lagunos djs o musicos q mencionaste pero hay otros q no, es bien para conocer alguito de musica diferente, re bueno este festival, no al protocolo si a la inovacion!!!!!!!
saludos | ::blank:: 
jueves 03 julio de 2008, 19:03
|  | Limon NC3L: Miembro | | Miembro desde: 21 diciembre 2005 Ubicación: San Martin Edad: 33 | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) Que c*gada que es tan lejos, no? | ::blank:: 
viernes 04 julio de 2008, 04:41
|  | Sixtyniner Super Moderador | | Miembro desde: 16 noviembre 2006 Ubicación: Capital Federal Edad: 24 | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) A los que vamos al Sónar año tras año nos deberían postular en serio para el Nobel de Física. No se me rían. Hay una verdad inatacable, una ley de la naturaleza, que demuestra que el calor intenso en Barcelona llega a la vez que el festival; ni un día antes ni un día después. Clavado como un reloj. ¿Que el festival se retrasa una semana según lo normal? El calor también. Van a la par. Se corresponden en sus respectivos timings, y claro, fue llegar ayer y venga uno a chorrear como un pollo. El bochorno empieza a ser insoportable por aquí, y como era de esperar se empezó a ver lo peor del festival: tipos humanos como el típico rapado con tatuaje tribal, en tirantes, shorts de playa y chanclas, tan ibicenco y exento de desodorante él. Tirantes sólo se le permiten a David Puente, el periodista especializado en música de baile que más liga de España. Hoy ha prometido traerlos.
El que apareció extremadamente veraniego, tal que rey de la corte, fue Richie Hawtin. Ustedes querían Richie y aquí lo tienen: con su impecable camiseta de lamparones y cuello estratégicamente picudo para mostrar que, horreur, ¡se depila el pecho!, vino el hombre minimal también con su nueva barba rubia copiada de Sven Väth, su carisma masilla y su imán para atraer curiosos. Paseábase el señor Plastikman por el CCCB y fue, muy de largo, el más fotografiado del día: avistado en la zona profesional, ahí estaba, esbelto y cesáreo, y un tipo disimuladamente le retrata con el móvil; saludado en el Pati de les Dones –"ey, ¿cómo estás? Me alegro de verte, no hay Sónar que no nos veamos, ¿eh?"– de la nada aparecen dos tipos y comienzan a hacernos fotos de las que, por si las fláis y los fotologs, me escabullo escopeteado. Majísimo, Richie. Con el calor se empezó a ver lo peor del festival: tipos humanos como el típico rapado con tatuaje tribal, en tirantes, shorts de playa y chanclas La golfa de la Goldfrapp
Pasemos a la música. Anoche fue el turno de Goldfrapp, y lo de la inglesa –que por cierto, se parece a lo que será Paulina Rubio dentro de ocho años exactamente, con su permanén con volumen y sus pantorrillas como columnas jónicas– estuvo entre bien y mal. Estuvo bien cuando en su hora de concierto, que fue de un escueto y un agarrado superior, tiró de los temas más marchosos de sus discos anteriores, los que van de ritmo schaffel –toma palabro– como 'Train' o 'Strict machine'. Ahí, la mujer atacó con un chorrazo de percusión marcial que, sumado a su chorrazo de voz, animó la velada. En resumen: ahí va, qué chorrazo. Estuvo tibia, porque mal en realidad no estuvo, con las canciones pastorales de su último disco, que entran finas tras la sobremesa, tirado en el sofá, pero que en escenario grande se quedan como aguadas. Sobre el vestuario, con ella y sus músicos ataviados con túnicas en plan acólitos de Niños de Dios, mejor no decir mucho. Y del arpa y la flauta tampoco. Se pasó de hippy, a ratos.
Y Leila se pasó de arty y le faltó ritmo. Sus canciones de cristal no eran para esas horas, sobre todo porque son deliciosas en la quietud del cuarto de estar, e inducen a la somnolencia buena –la que adormece de gustirrinín, no la que abrasa de pelma: que la mujer hasta tocó 'Space, love', que es la mejor canción de cuna de la historia, un jirón de delicia onírica para ponerle un marco de oro–. Aún así, se permitió Leila el lujo de introducir un tema con la voz de Dalí, fue paseando cantantes, se construyó su palacio en las nubes, alternó electrónica surrealista con paisajes de película europea de los sesenta y su característico soul deconstruido, y ahí nos dejó, flotando como un corcho en el océano y con ganas de pillar la almohada para robustecer la coraza emocional de algodón. Lo sentimos por Ben Watt, que pincharía para cuatro de pajareo. Pobre. La inglesa cantó 'Train' o 'Strict machine'. Ahí, la mujer atacó con un chorrazo de percusión marcial que, sumado a su chorrazo de voz, animó la velada El jueves (la jornada, no la revista)
Más música, ahora la de día: la primera jornada diurna de Sónar fue así así, y miren que empezó bien, con un tal Díscolo, DJ horizontal del buenri, que nos recibió con ese 'Love on a real train' de Tangerine Dream que suena en la banda sonora de 'Risky business' cuando Rebecca de Mornay se repasa en el metro a Tom Cruise. Pero ese fue sólo un momento fugaz de pinchismo como otros que se interceptaron por ahí: Gon & Carmona, unos periodistas de Go Mag metidos a DJs por folklore, acabando su set con la música de 'Terminator' –o sea, el 'Machine gun' de Portishead–, por ejemplo. Normalmente, ir a escuchar –que no ver, que no hay nada que ver– a los DJs garantiza los momentos de más chicha sonora de la jornada. Esto es lo que tiene el Sónar. Es lo que tiene esta música electrónica de dios. Si quieren espectáculo, lo mejor es ir al circo a ver a la mujer barbuda. Normalmente, ir a escuchar –que no ver, que no hay nada que ver– a los DJs garantiza los momentos de más chicha sonora de la jornada. Esto es lo que tiene el Sónar
El tema directos fue algo más espinoso. Nos dicen que muy bien Pan Sonic, con su taladro noise-dub de siempre –servidor se queda mejor con el momento en el que Mika Vainio, el hombre fuerte del dúo finlandés, se paseaba cual guiri despistado por las Ramblas con una camiseta parda de lo más feo y una sandalias Jesucristo roñosas–, y decimos nosotros que muy bien también Bass Clef, que la lió a base de subgraves con el bajo volumen de la carpa SónarDôme en contra. Muy hippie estuvo el venezolano Jahbitat, en plan chamán indio, que más parecía que le estuviera curando el mal de ojo a alguien que no practicando su folk electrónico de baja fidelidad. Muy artys también Pram, que proyectaron imágenes en blanco y negro de cult movies de terror mientras hacían sonar campanas ensoñadoras, un pop instrumental ensuciado de electricidad y unos tics muy como de hace quince años, lo cual no fue muy avanzado ni acorde para la ocasión, al menos ayer. Y así, en este plan, fuimos pasando el día. El gentío, qué tío
De gente, la cosa bien. No se llenó el CCCB, ni se agotaron las entradas, ni se puso a reventar el SónarPark de noche, con unas tres mil personas a ojo viendo a Goldfrapp hacer sus gorgoritos. De momento no hemos apreciado ninguna tendencia en moda dominante, aunque sí que se ve gente que se pone los piercings en el cuello, como dos bolas que salen como dos verrugas de aluminio de la nuca (de sólo pensarlo ya duele en los nervios), y mucha gente que se cree que sólo por estar en verano se tiene licencia para ir luciendo mejillón en el pie impunemente. Esto último hay que denunciarlo mucho. Habría más que contar, pero eso ya entra en el terreno de lo personal. Otra vez será. Mañana quizá, por qué no.
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martes 08 julio de 2008, 08:01
|  | Sixtyniner Super Moderador | | Miembro desde: 16 noviembre 2006 Ubicación: Capital Federal Edad: 24 | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) Y el Chiki-Sónar se baila así
A eso de la una de la madrugada, Shackleton está desatando el infierno en el escenario SónarLab. Un dubstep de otra galaxia multiplicado en su efecto profundamente mental por retazos de percusión de Oriente Medio, efectos de electrónica fría y unos subgraves tan violentos que casi nos causan un cólico en el diodeno. En estas que se levanta un tipo, se acerca a un conocido que estaba ahí al lado y le pregunta: “¿este festival es el FIB?”. El interpelado, que es el mayor bastardo del país, le responde lo único posible dadas las circunstancias: “sí” Y el tipo, agradecido por la respuesta, se va a saber dónde. Esto sólo pasa en Sónar. Bienvenidos a un apoteósico y radicalmente freak viernes de festival en cuatro movimientos numerados en depurado chikilicuatriquistaní para solaz de nuestros lectores políglotas. El chiki-Sónar se baila así: Uno (deuán): Justicia para todos Desparrame absoluto en el viernes noche. Hay que preferirlo al día: hace fresco, la gente viste bien, y salvando a los crujidos de turno que, tras enzarparse de lo lindo se van a dormir la mona a una esquina o agobian al personal con importunaciones absurdas –otra más; se acerca un ente y pregunta: “este escenario se escucha bien, ¿verdad?”; tras mantener corta conversación con él se comprueba que no era sordo–, la actitud del público está más por la labor de disfrutar de la música que gozar del picor del lorenzo. Lleno para ver a Madness, que, vestidos a lo Men in Black, trompetean sin piedad y ponen la innecesaria nota retro a una noche que no la necesitaba. Más llenazo aún para los franceses Justice, que, aclamados como héroes, le echan su predecible jeta a un directo que, presidido por una cruz –ante la cual flotaba un condón hinchado por alguien del público y que tuvo su cosa de anatema y pecado mortal–, se compone de los hits sucios y copiados de Daft Punk de su primer disco. Para las masas, caótico y por momento de una garrulez adorable. Dios igual da pan a quien no tiene dientes, pero Justice dieron fiesta a quien tenía piernas, y a eso se le llama triunfar. Hercules & Love Affair, nos dicen, más o menos también.
Más nombres grandes. Lo del enfant terrible del jazz Jamie Cullum tocando cuatro teclas mientras el DJ Darren Emerson le ponía por debajo descartes de los peores Underworld –los que él dejó tras su espantá del grupo en 1999– pintaba bien en la teoría, no dejó de estar curioso en la práctica, pero fallaba irremisiblemente como concepto rompedor. El ajuntamiento de house agitadete y jazz clasicote se ha intentado mucho y nunca ha pasado de ser un apaño para salir del paso. Por cierto, y no está de más decirlo, Darren Emerson se ha adelgazado como veinte quilos, seguro que siguiendo la dieta de la alcachofa –la alcachofa, y me da igual si no pillan la broma, es la hortaliza más techno que existe– de Rociíto. Dos (epeich): Factor hembra Yelle en principio es un producto algo patochada, para modernazas de la muerte –¿sigue siendo moderno decir ‘de la muerte’ y ‘de la vida’?–, pero en directo resulta ser un pasatiempo con su aquél. La francesa fue despachando hits con desparpajo, entre ellos su ridiculización del miembro viril masculino con formas agarbanzadas en “Je veux te voir”, e hizo buena la etiqueta new rave, pues sonó inténsamente bakala, dejando que sus dos músicos le dieran al bombo y a los efectos fíu-fíu, pero a la vez con un empaque de banda rock que ya querrían muchos para sí, por aquello de dar el pego.
De todos modos, la mujer que triunfó ayer en Sónar fue Róisín Murphy. El ambiente –sí, va con segundas– y el buen ambiente estuvieron presentes en su puesta en escena de pasarela de Gaultier, que acabó remontando con bombazos disco como “You know me better” lo que había comenzado mal como especie de acid-jazz pasado de época. Poco más que decir del glamour rubio: buen armario de trapitos y mejor percha para lucirlos. Factor femenino de ese que prometía Sónar y que se topó con la dura realidad: el factor femenino no estaba ni en Yelle, ni en Róisín Murphy, ni por la tarde en Tara de Long o Tender Forever, sino en la inacabable cantidad y calidad de mujeres que abarrotaban el lugar, además de todos los colores. Como aseguró alguien vinculado a la organización que prefiere mantenerse en el anonimato, “a las vikingas ya las teníamos controladas, pero ha sido una sorpresa ver cómo este año se sumaban a la fiesta las mulatas”. Mejor pasemos a otra cosa. Tres (agromenauer): Josep Lluís Núñez on acid
Pasemos al día, o sea. Siempre es muy importante lo que se escucha nada más entrar al festival. Hay otra ley universal que indica que la primera persona con la que te cruzas es la que luego te persigue como una sombra –ayer fue Vicent Fibla, extraordinario autor de electrónica bonica del tó, quizá el bigote mejor llevado de la escena, con el que en plan pesado uno se topó al ir a comer, al volver de comer, al husmear entre la feria discográfica, al ir al excusado, al irse y un poco más y al volver a casa también, en la cocina, friéndome unos huevos para cenar que seguro que le hubieran quedado de la muerte–, y del mismo modo, lo primero que entra por la oreja es lo que marca la tónica de la jornada. El Sónar es un todo indivisible, como el quark y la Santísima Trinidad.
Confiando en el milagro, nada más entrar al CCCB nos fuimos a buscar el lounge de la gente de Red Bull para ver pinchar a bRUNA, ‘abrunadora’ propuesta de futuro de la música electrónica catalana que tuvo a bien abrir su set con un monólogo del enorme José Toxeiro, aquel señor al que, años ha, unas prespiputas le echaron drojas en el colacao. Con cosas así uno se enjolgoria, se echa unas risas caballunas y disfruta de la mezcla del chaval, un mix entre techno-dub, neo-disco, electrohouse y acid con fragmentos vocales del ex presidente del Barça, Josep Llúis Núñez –diciendo algo así como ‘el esterior del estadio, ustés ta saben, cuando se llovía, las lluvias, quedaba en mal estado, s’han puesto unos llambordins…’–; con cosas así, decíamos, uno sabe que tras eso la jornada va a ser freak. Vaya si lo fue. Cuatro (gríjar): el reglamentario momento turra
Orgasmazo en el concierto de Yellow Swans. Qué media hora nos dieron los tíos, que por cierto se separaban como dúo justo tras esa media hora cronometrada de bronca ruidista de alto voltaje. Comenzaron de tranquis, planeando, moldeando ruido ambiental que aunque taladrante tenía algo de preciosismo. Y como quien no quiere la cosa lo fueron ensuciando, granulando, intensificando hasta doblar las paredes de escayola del SónarComplex, burros que son. Al lado estaban actuando Deepchord, a quien alguien definió, con cierto acierto, como los Ecos del Rocío versión 2008 y en plan techno-dub hipnótico y acuoso. La comparación tiene su qué, porque entre los pelos de Rod Modell –que parece el bisoñé de El Dioni después de haberlo utilizado como fregona para el parqué– y el look me-voy-de-costillada de su compañero Soultek, lo chori-folklórico un poco sí que se les trasparenta. Eso sí, su directo fue como flotar despreocupadamente en un útero. Imagínenselo.
Más del día: El Guincho pegó la brasa de lo lindo con su hippiez timbalera a la que sólo le habría faltado que vinieran dos druidas que, corte tras corte de raíces de muérdago a golpe de hoz, les hicieran coreografías saltando ritual y acrobáticamente sobre una fogata de solsticio de verano, que llega ya. Seguimos sin entender qué le ven aparte de una obsesión enfermiza con Animal Collective. Para acabar, nos cuentan que Yo Majesty, una mezcla de “Joey Beltram, Kid606 y Salt’n’Pepa” (Dani Relats, el periodista que nació en Saturno, dixit), finalmente no se sacaron sus orondas ubres para remachar su discurso feminista a golpe de hip hop con voluminosos argumentos. Y eso, teniendo en cuenta que en Sónar ya todo el mundo va en bikini o calzón –la de tíos que te restriegan el sudor al paso, qué repelús– y nadie enseña verdadera carne, fue una lástima. Suerte que ayer disfrutamos como un gorrino en una charca, que si no hoy estábamos reclamando el dinero de malas maneras. Mañana más y acabamos. Vuelvan.
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domingo 13 julio de 2008, 06:46
|  | Sixtyniner Super Moderador | | Miembro desde: 16 noviembre 2006 Ubicación: Capital Federal Edad: 24 | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) Última Entrega: Yazoo en el Sónar: pelos como scorpions No ha sido la mejor edición del Sónar de la historia, pero tampoco ha estado mal
El factor femenino, en la pista, no en el escenario y el bastardismo no se ha notado mucho
Se acabó el Sónar, y nos deja esta imagen para el recuerdo: poco antes del concierto de Yazoo un tipo toma carrerilla, se acerca a dos chicas despistadas que rondaban por la pista principal de Fira Gran Via y, aprovechando el descuido, le da un mullido palmetazo en el culo a la que tenía más a mano –nunca mejor dicho– y se da a la fuga. El chica no entiende nada y el tipo se convierte en el héroe de la noche. Ahora, sin más dilación, la música. Gallina de piel
¿Hablamos de baladas? Dice el pueblo soberano que las mejores baladas son las de los grupos heavies, con “Still loving you” de Scorpions como la canción reina del noble arte del calientabraguetismo. ¿Correcto? No: hay una balada que pone más los pelos como escarpias que las de Scorpions, y es “Only you”, de Yazoo. La tocaron casi como colofón de una hora de concierto embalsamado y retro –la auténtica mascletá final fue “Don’t go”, como figuraba en todas las quinielas–, y Sónar se llenó de corazones a punto de estallar con tan lacrimógeno medio tiempo. Se puso la gallina de piel, como dijera el filólogo Johann Cruyff, y se nos pusieron los pelos como scorpions, sobre todo porque Alison Moyet sigue gastando un vozarrón bluesoide que se comía con patatas las renovadas y mucho más sintéticas programaciones de Vince Clarke.
El regreso de Yazoo a los escenarios, tampoco hay que exaltarse demasiado, no deja de llegar 25 años tarde. Que Clarke haya hecho como Kraftwerk y le haya dado un barniz más moderno a sus canciones de antaño no oculta que ésta es una reunión alimenticia y nostálgica que pierde la gracia justo en el momento en que empieza, justo con “Nobody’s diary”. Y qué feas las proyecciones. Pero durante una hora Yazoo por lo menos hicieron revivir una era en la que el pop electrónico cambió la manera de entender el sonido de la música para un público grande y un futuro abierto a infinitas posiblilidades. Lástima que gente hubiera poca. Morro for the masses
La noche del sábado de Sónar no fue como la del viernes: lo que antes de ayer fuera fiestorro sin descanso anoche fue un coitus interruptus tras otro. Hubo poca chicha y menos limoná, al menos con los primeros nombres que tenían que empezar a partir el bacalao en serio. Ejemplos: lo de Neon Neon y su pastiche ochentas no había por dónde cogerlo, y si no fuera porque tienen un tema que se titula “Michael Douglas” –el mejor actor del mundo y punto pelota– merecerían haber sido desalojados del escenario por pelmazos. Otro ejemplo: los raperos Antipop Consortium estuvieron a años luz del futurismo hip hop que desplegaron en el Sónar de hace unos cinco años. Entonces parecía que había aterrizado un ovni en medio de L’Hospitalet. Ayer, en cambio, los supuestos renovadores del rap electrónico parecían una charanga de charlatanes sin orden ni concierto. Será verdad que se siguen odiando, y claro, así cualquiera hace algo que valga la pena.
Otros que le echan morro a la cosa: Soulwax. Estos belgas, epítome del rave-rock de nueva generación, se tiraron todo el concierto copiando a LCD Soundsystem, que por mucho que se consideren amigos íntimos no merecían semejante y descarado saqueo. Es como cuando invitas a un amigo a subir a casa para usar el baño (por ejemplo) y el tipo se te queda a vivir, ocupa el sofá y se come los yogures de la nevera. Feo. Pues feo fue lo de Soulwax, por mucha fiesta que le echaran y por mucha versión de títulos de culto (“45:33” de LCD, para acabar de rematarlo) que se marcaran en un concepto de directo siempre recauchutado con nuevos parches molones pero de débiles cimientos.
Los mozarrones de Bonde Role, sustitutos con prisas de la enfermada M.I.A., trajeron a Sónar el sonido más gamberro de las favelas brasileñas, y aunque suenan a rayos y la nueva cantante desafina como una almeja, como mínimo le dieron salero a un SónarPark que necesitaba un poco de marcha para no morir de tedio. Pero no arrancaron ni metiendo samples del “Just can’t get enough” de Depeche Mode en medio de “Solta o frango” ni con el chorrazo booty-heavy de “Bondallica”: como unas horas antes hiciera DJ Yoda, se quedaron a medias entre la jarana burra y la sofisticación poligonera. DJ Yoda debería empezar a cambiar el rollo: volvió a pinchar con DVDs y a proyectar en las pantallas gigantes segmentos de películas y series de televisión –allí se vio desde la efigie de MiniYo a unos cachos de “Plan oculto” de Spike Lee, desde un tipo con una careta de Ronald Reagan al enorme Carlton Banks bailando la música de su adorado Tom Jones–, pero en lo musical no pasó de un correcto megamix de pop, hip hop y tonterías varias sin mayor pegada. Hasta que no llegaron Jeff Mills ni la gente del sello Ed Banger ahí no hubo ni caña ni gente, así de sencillo. Ahora, al día. ¿Unas pajillas?
Los californianos Matmos son dos tipos capaces de hacer fácil, simpática o masticable, que eso según, la música electrónica de factura más compleja. En otras manos sería una tortura china, y ellos consiguen hacer que la música concreta –el uso musical o amusical del sonido de los objetos o los lugares cotidianos–, la electroacústica o las texturas de los sintetizadores primitivos tenga una cierta apariencia pop. Tuvieron un final de Moogs traviesos que sonó de un cósmico que también puso los pelos como scorpions, y un comienzo de ruido que visualmente quedó bien, porque lo hicieron proyectando la luz de unas linternas sobre unos campos magnéticos revueltísimos. Lo mejor, en todo caso, fue su recreación de los sonidos de las películas porno. No pongan esa cara de ‘esto no va conmigo’. Saben perfectamente de lo que les estoy hablando. De esos organillos perversos. De ese funk tórrido y decadente tan eighties. De esas texturas desgajadas, como con soriasis. Matmos nos pusieron una película de género gay en la que un efebo rubicundo se la meneaba en una bañera y adornaron la escenita –agradable que no veas– con sonidazo de extracción X. Un poco más y algunos les piden que se besen.
Ya que hablamos de erecciones, pasemos a The Duloks. Ay. Hubo división de opiniones entre el ganado macho sobre el atractivo (o no) de estas mozas que no se sabe si ya tienen la mayoría de edad o no. Omar Morera, por ejemplo, que es un hombre perspicaz y un DJ con criterio inoxidable, opina que sí: “la como filipina parece joven, pero es que todas las filipinas lo parecen”. No puso el ejemplo de la Preysler de milagro. “Mi favorita, sin embargo, era la cantante: me ponen esos shorts”. The Duloks son tres niñas que visten de alumna de clase de aeróbic, con calcetines verdes, pantalón corto, muslo al aire, sobaco peludo y ortodoncia a la vista, y según cómo, y según para quién, tendrán su sex appeal. Servidor, como no es de irse de vacaciones a Tailandia, el atractivo no lo vio, y la calidad de las canciones menos: aparte de ser un espanto, berrean como un coro de verduleras y se mueven como Chiquito. Además, se notaba que, como las niñas de Porta, sólo buscaban drogas, sexo y farra. Desagradable, oigan. Quedando para el arrastre
Sónar es un festival que te machaca. Cada año es reglamentario prometer que nunca más, porque el cuerpo ya va en decadencia y estos tres días te dejan más para el arrastre que un entrenamiento de Zapatones. Pero vale la pena aguantar. Básicamente, porque ves a cuatro pirados de Osaka marcándose un ruido atorrante como el que practica Ove Naxx, que es breakcore depurado –y el breakcore es más depurado cuanto más sucio, valga la contradicción–, o a una tropa de borrachos escandinavos que te meten en un cursillo acelerado de skweee, la versión más rota y negroide de la IDM para culturetas de la electrónica abstracta –sonaba aquello como Autechre cerdeando en un club de R&B–, o a un montón de gente maja, o a las chicas de una caseta de merchandising de la organización que iban vestidas de enfermera con unas orejas de conejita, y a uno, que en su día vio algunos capítulos de “Ogenki clinic”, eso le llega al alma.
Últimos apuntes Sónar. Uno, no ha sido el mejor Sónar de la historia, pero tampoco ha estado mal. Dos, el factor femenino está en la pista, no en el escenario. Tres, el bastardismo no se ha notado mucho. Cuatro, ¿por qué todo el mundo se tatúa estrellas? ¿Tan poco original es la gente que tiene que pintarse en la piel también lo mismo que el vecino? Y hasta aquí el blog. Con lágrimas en los ojos me despido hasta que dios –o, en este caso, el jefe de este tinglado digital– quiera. Si fuera por mí me quedaba, que aquí se está agustito como Ortega Cano, pero va a ser que no. Nos vemos en el Nitsa. Fuente: Notas extraídas de una columna semanal en el Diario El Mundo. (España)
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domingo 13 julio de 2008, 16:21
|  | NC Fanatic NC3: Miembro | | Miembro desde: 16 mayo 2007 Ubicación: Berghain | | | Re: Freak, fan del Sónar y a mucha honra (Cronica diaria del Festival) Terminaste la bitacora , lindo informe. Grcias  | ::blank:: |
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