Raves
¿Por qué invertir en música electrónica? Gustavo Sofovich tiene 37 años, nació el 17 de marzo (el mismo día que su papá) y es el hijo empresario y hard de Gerardo, el "menenista" (sic) más rancio que todavía sobrevive por Buenos Aires.
Después de años de lidiar con Impositiva y con los jueces federales que husmearon en sus cuentas y las paternas para saber si habían o no evadido impuestos, Sofovich Jr. se reivindicó en 2003. Su talismán fue Laura "Panam" Franco a la que reconvirtió en una especie de Xuxa argentina: vendió siete discos de Oro y la transformó en la número uno del mercado infantil.
El éxito de cabotaje logró que Sofovich (h) emergiera. En enero del 2004 se fue a la Meca del menemismo: Miami. Tenía una idea y quería probarla: importar a la Argentina el modelo de la South American Music Conference, la movida más grande de la industria de la música electrónica en todo el mundo. La Winter (como se la conoce) comenzó hace 18 años, se repite todos los meses de marzo y hoy moviliza a más de 700 mil personas. Sofovich ideó un método casero de "testeo". Empapeló la avenida Collins y las principales calles de Miami con afiches que invitaban: "South American Music Conference: coming soon". También puso avisos en las principales revistas fashion. Le agregó una dirección de e-mail para recibir los eventuales mensajes y comprobar si su idea era buena. Invirtió 50 mil dólares. En menos de dos meses había recibido tantos correos electrónicos que se dio cuenta que el negocio "cerraba".Gustavo Sofovich: Yo fui amante de la música electrónica desde muy chico y conozco muy bien Miami. Viví allá seis años y vi crecer el fenómeno. Estados Unidos tiene un gran problema migratorio. La Winter es para los latinos; pero muchos de ellos no pueden entrar. Ahí descubrí el nicho.
No fue original, pero sí rápido y decidido. Once meses después (el 10 y 11 de diciembre) montó su primer line up de DJ’s internacionales. Alquiló Costa Salguero, donde piensa reunir a 20 mil personas que pagan un promedio de setenta pesos cada una. Aunque los números parecen prometer un negocio muy rentable,
Sofovich (h) va a perder 300 mil dólares en la movida. Y aún así está contento.
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¿Le gusta perder dinero?
Sofovich: Este es un negocio de muy alto riesgo. Muy atractivo como inversión a largo plazo. Recién para el 2007 vamos a ganar dinero. Hasta entonces, me conformo con ir recuperando. Mientras tanto, mi obsesión es cometer la menor cantidad posible de errores. No quiero ser como otros que, con tal de ganar dinero rápido, montaron VIP’S sin techos, los toldos se caían arriba de la cabeza de la gente o cuando ibas al baño los encontrabas sucios.
Traducido al business, el alto riesgo del que habla Sofovich se discrimina así: la inversión final estará entre los 800 y 900 mil dólares; el rubro "contratación artística" se consume el 25 por ciento de ese presupuesto. El resto se va en armado, publicidad y organización. Para competir con los jugadores ya establecidos en el mercado (la Creamfields de los mexicanos del grupo CIE, con Martín Gontad a la cabeza; y por otro lado Daniel Grinbank, con su The Chemical Brothers), Sofovich tuvo que contratar a un costo de entre 10 y 20 mil dólares a diez de los mejores treinta DJ’s del mundo: Nick Warren, Ferry Corsten; Judge Jules, Richie Hawtin, Derrik May y Francois Kevorkian, son algunos star system. Los DJ tienen las mismas exigencias –aunque no el cachet- de las estrellas de rock: pasajes en first class para ellos y su séquito, alojamiento en hoteles cinco estrellas y catering excéntrico.
El rojo de la cuenta no para de subir y los siete sponsor principales (Heineken, Marlboro, Mum, el energizante Speed, John Erickson y Fibertel) apenas logran aportar una "soguita" para evitar que se hundan en el pantano: entre 300 y 350 mil pesos. La cervecera es su main sponsor. Y tiene su lógica. El evento está ligado a la marca y se potencia con ella.
Son números importantes para la Argentina, pero insignificantes en el mundo. En la última South American Music Conference en Miami, Play Station II pagó 260 mil dólares para promocionar su última consola. Y Fat Boy Slim aportó otros 200 mil. El cálculo es bien sencillo. La mayoría de los costos son en dólares y los ingresos en pesos. Si esto se hubiera generado en "el 1 a 1", Sofovich recuperaría costos en su primer año. Será por eso que el empresario no va a "perdonarle la vida" a nadie. El concepto es "los VIP pagan".
"No vamos a regalar espacios. Los famosos van a estar protegidos y cómodos; pero van a pagar. ¿Cuánto? Una mesa para diez personas, 1.800 pesos. Incluye 500 pesos de consumición", cuenta Sofovich.
Todo se definirá entre las 4 de la tarde del sábado y las 6 de la mañana del domingo. Si el empresario no pierde mucho más de 300 mil dólares, habrá dado el primer paso. Después vendrá el South American Music Tour; que es pasear este modelo electrónico por Colombia, Perú, Chile, Brasil y Uruguay durante todo el año para retornar, a fin de cada año, a Buenos Aires.
El miedo de Sofovich es que los argentinos y latinoamericanos que llegan a estas cumbres electrónicas se cansen de que le vendan por VIP algo que no lo es. Son tiros por elevación para Daniel Grinbank. El pasado 22 de octubre, éste organizó The Chemical Brothers, un festival que le hace competencia.
Juntó 15 mil personas en el estacionamiento de la disco Pachá, un espacio que, saturado, toleraba 12 mil. Llovió y no había un lugar cubierto donde guarecerse. La única alternativa: correr a la disco que soporta apenas 5 mil personas. No pudieron vencer las leyes de la física y dos tercios del público quedó chapoteando en el barro.
Sofovich no critica la Creamfields. No la siente su competidora directa. Las Creamfields apuntan a un público masivo y tienen el paraguas protector de un hombre respetado en el ambiente: Martín Gontad. Él fue el precursor de la música electrónica en Buenos Aires y Uruguay.
Las ganancias que dejó la Creamfields 2004 le dan un poquito de envidia a Sofovich. Más del 50 por ciento fue rentabilidad pura: casi 800 mil dólares en una sola noche.
Pero Sofovich no está solo. Por más que haya vivido seis años en Miami y que haya pasado todo el 2004 estudiando el fenómeno, lo primero que asumió es que necesitaba un socio estratégico. Lo encontró y ese socio se llama Marcelo Boer, tiene 38 años y hace 17 que trabaja en el negocio de la noche.
Debutó con la "papa" más caliente: en 1993 compró la convocatoria de acreedores de El Cielo. Hacía un año que un killer había matado a Poli Armentano de varios balazos en la cabeza y él creyó que podía reemplazarlo.
"La verdad, estaba loco –asegura Boer-. No tenía ni la experiencia profesional ni el respaldo económico ni las herramientas legales y administrativas. No sabía nada. Era un audaz. Perdí dos ‘palos’ verdes y me hundí por muchos años".
Pero los golpes lo fueron moldeando a Boer. Con la experiencia del histórico Oscar Fabre, de New York City y la inconciencia propia de un entrepeneur de la noche, Boer fue resurgiendo. Un par de años después condujo los principales boliches de la Costanera (Ribera Este, Pachá, Caix y El Divino) y es -desde hace una década- el hombre que convoca a todos los argentinos en Punta del Este. Se llame como se llame, Boer regentea la disco top que está en la bajada del puente de La Barra. Tal vez por eso le gusta hablar con autoridad: "El negocio de la música electrónica va a explotar en la Argentina. ¿Por qué? Porque las marcas necesitan comunicar a través del entretenimiento. La música electrónica es un fenómeno imparable; sea Miami, Ibiza, San Pablo o Londres. Por eso me parece que la idea de convertir a Buenos Aires en la cabecera de Latinoamérica es brillante. Y esa idea es de Gustavo. Se le ocurrió a él solito. Si logramos reunir el estilo "soft" de Londres, lo cosmopolita de Miami y el relax y lo sofisticado de Ibiza, le vamos a ganar la batalla a San Pablo", dice Boer.
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¿De dónde va a sacar ese público?
Marcelo Boer: Nuestros vi-ai-pí (VIP) son gente que trabaja doce o catorce horas por día durante la semana y que después quiere salir a divertirse y tiene un alto poder de consumo. Nuestro negocio no es la masa.
Noticias: ¿Cómo van a controlar la siempre latente sospecha de que la movida electrónica es un espacio para el consumo de pastillas y otros alucinógenos?
Boer: Prefectura. Con ellos me quedo muy tranquilo. Van a rastrillar y hacer el cacheo. Hace veinte años que trabajo en la Costanera y sé que son una garantía.
Pero Sofovich Junior también tiene un aliado oculto. Su padre.
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¿Cuánto tiene que ver su padre en esta apuesta? ¿Qué dice él de esto?
Sofovich: A papá le encanta la música electrónica. Es un joven de 68 años. Tiene doble pila. Todos los días se carga dos programas de televisión. Está detrás de todo. Es un genio del marketing: me controla los avisos, me cambia la tipografía, me aconseja por imagen. Sabe que todo esto me hace muy bien. Y sabe otra cosa: con esto empecé una nueva etapa en mi vida.
sacado de los foros de hernancattaneo.com
lo posteo aca para q los q no leen otros foros lo puedan leer.. y de paso opinar sobre esto
